El Kremlin de Moscu Fortaleza de los Zares Rusos Historia Construccion





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El Kremlin de Moscú
Fortaleza de los Zares Rusos

El Kremlin de Moscu Fortaleza de los Zares Rusos Historia Construccion
La catedral de San Basilio y sus cúpulas asemejando a los turbantes tártaros
Su construcción comenzó en 1555 y acabó en 1578 con la décima de sus torres erigida sobre el sepulcro de San Basilio. Su interior es bellísimo. Los íconos y las pinturas de los muros merecen un alto. Los altares están detrás como en todos los templos ortodoxos rusos

KREMLIN: Del ruso, kreml, ciudadela, también fuerte o fortificación, y se refiere a un gran grupos de obras civiles, como catedrales, palacios y salones, que se han ido construyendo a lo largo de varios conla iniciativa de muchos zares.

La historia inicial de su construcción se remonta hacia la mitad del siglo XII cuando el príncipe Yury Dolgoruky construyó un fuerte de madera en ese lugar tras la unificación de los principados de Moscú, con una gran iglesia de madera, que mas tarde sufrieron el ataque mongol.

En 1339 cuando el Príncipe Daniel de Moscú (Iván I) mandó a construir en piedra las iglesias que habían sido construidas originalmente en madera en el año 1156.

Iván I construyó la catedral de Asunción, donde serian enterrados los zares. Siguieron luego la iglesia del Arcángel Miguel, después la de Ioann Lestvicnik, y, finalmente, la última, pero no la menor, la iglesia de San Salvador en el Bosque, cuya espléndida estructura de madera es el elemento arquitectónico más antiguo que hoy podemos admirar en el Kremlin.

Más tarde se construyeron las murallas de piedra. La blanca piedra calcárea deMiackov protegería al nieto de Iván, Demetrio, el hombre que empezaría a utilizar contra los tártaros el poder que Moscú había ido acumulando estando a su servicio. Así, un Kremlin de piedra, resultado de quince años de incansable trabajo, desde 1359 a 1374, sustituyó al primitivo Kremlin de madera.

Por esto la construcción del Kremlin actual (el anterior fue saqueado y destruido por los tártaros) de Moscú comenzó concretamente en 1485 con el zar Iván III, , con la construcción de un nuevo palacio para el zar, que fue realizado bajo la dirección de los arquitectos italianos Marco Ruffo y Pietro Antonio Solario.

Iván III, que había subido al trono en 1462 y  fue él quien con más frecuencia comenzó a utilizar, en lugar del tradicional título de gran duque de Moscovia, el de “zar” (es decir, emperador) de “todas las Rusias”, junto con el de autócrata.

El gran logro de Iván el Grande (Iván III) fue rechazar el caciquismo de los mongoles, o tártaros. Los mongoles habían invadido el estado medieval Rus de Kiev en 1223, en su avance hacia Europa del Este a través de Asia. Un contingente del ejército mongol había permanecido en la zona del río Volga. Se trataba de la llamada Horda de Oro.

Rusia era subdesarrollado, pero sin duda alguna era un país potencialmente rico,  y estaba en plena expansión; pero era terriblemente pobre de conocimientos técnicos superiores. La esposa que Iván (Iván el Grande) había elegido, la bizantina Zoé —ahora rebautizada como Sofía—, educada en las cortes de Constantinopla y de Roma,  se lo hacía observar con frecuencia. Era evidente, pues, que debía buscar en los países “industrializados” a los hombres que no era posible formar técnicamente en su patria.

Con este fin Iván mandó un emisario, el boyardo Simeón Tolbuzin, a buscarlos al país que entonces era la cuna del arte y la técnica: a la Italia de Leonardo da Vinci, de León Battista Alberti y de Bramante. Y esto sucedía quince años antes de que los franceses descubrieran, antes que ningún otro europeo (y por casualidad, a causa de una guerra que fue como un paseo militar), los fulgores del Renacimiento.

El arquitecto seleccionado fue Aristóteles Fioravanti, ingeniero comunal de Bolonia, consejero arquitectónico de los Sforza y realizador de obras para el rey de Hungría, Matías Corvino. En la primavera de 1475, con el deshielo, llegó a Moscú el arquitecto italiano, a quien Iván pagó un sueldo que nunca soñara percibir un arquitecto moscovita: diez rublos al mes. Pero el extranjero demostró que se lo merecía, y aún más, lo que por cierto se le concedió ampliamente.

En cuatro años tan sólo, la reconstruida catedral de la Asunción (a la que muchas guías llaman de la Ensoñación, traduciendo literalmente el término ruso de Uspenskij Sobor) ya erguía majestuosamente sus blancas paredes en el recinto del Kremlin. El “experto” extranjero había cumplido su principal obligación:enseñar a los técnicos del país, aunque hay una historia negra donde se dice que Iván encerró a Fioravanti, que murió en cautiverio.

Luego Marco Ruffo y Pietro Solari,  a partir de 1485, sustituyeron a Fioravanti, construyeron para el zar un palacio digno, al fin, de este nombre: el Palacio de Granovitaja, cuya característica fachada almohadillada en ángulos vivos es como el traspaso a tierra rusa de las experiencias del Palacio de los Diamantes de Ferrara, joya del Renacimiento italiano.



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La espléndida sala superior de este edificio (que más tarde daría a Catalina sensación de ahogo) cubierta por cuatro bóvedas apoyadas sobre una única pilastra central y espléndidamente decorada con escenas de la historia sagrada y rusa sobre fondo de oro (lo que le valdría el merecido nombre de Sala de Oro), sería, durante siglos, el salón de recepciones de los zares hasta la construcción del Palacio del Kremlin, ya en el siglo pasado.

En 1505, pocos meses antes de la muerte del gran Iván, Alvise Nuovo recibió el encargo de construir la catedral del Arcángel Miguel (segunda de este nombre en el interior del Kremlin), según esquemas rusos ejecutados en clave renacentista. El mismo Alvise Nuovo, desde 1499 a 1508, reconstruyó el palacio vivienda de la familia real, el Terem, en sustitución del viejo, edificado, según la tradición local, en madera y, como sucedería con tanta frecuencia, destruido por el fuego.

Ya estaban en pie, así, la catedral de la Asunción, la de la Anunciación, la iglesia del Arcángel Miguel, el Palacio Granovitaja, residencia oficial, y hasta una increíble iglesia-campanario que Marco Bono (otro inmigrado italiano) había erigido en los primeros años del siglo XVI para albergar un gran número de campanas de todo tipo y dimensiones (el campanario de esta iglesia, o mejor dicho, su aguja más elevada —81 metros, todavía la construcción más alta del Kremlin y su símbolo— se completaría un siglo más tarde, durante el reinado de Boris Godunov).

Ciertamente, a fines del reinado de Iván III las cúpulas doradas del Kremlin habían empezado a ocupar dignamente el corazón de la Santa Rusia. Pero su efecto no sería tan fabuloso (ni lo sería el de los edificios construidos más tarde) sin la obra excepcional que los encierra: el gran círculo de rojas murallas, con varias torres, que rodea el conjunto. Dichas torres, por lo menos su planificación, son obra de Iván el Grande —que podría llamarse “padre del Kremlin”—y de su “equipo” de arquitectos italianos.

Respecto a la construcción la muralla era obra gigantesca: un perímetro de 2.235 metros, en planta pentagonal irregular, con dos decenas de torres. Las torres son, precisamente, lo que caracteriza la muralla, constituyendo la imagen más típica del Kremlin.

La más conocida es la espléndida y gigantesca Torre del Salvador (Spasskaja), llamada así por la imagen del Redentor que decora la puerta; fue erigida en 1491 por arquitectos que debían recordar la estructura del castillo de los Sforza de Milán, y en el siglo XVII fue coronada, por el inglés Galloway, con una aguja seudogótica que encierra 35 campanas. El sonido de esas campanas, retransmitido a todo el mundo cada mediodía y cada medianoche, es todavía la identificación de la radio soviética, como las campanas del Big Ben lo son de la BBC de Londres.

En los siglos posteriores, el Kremlin de Moscú fue creciendo hasta convertirse en lo que actualmente conocemos. El de Moscú no es el único que podemos encontrar en Rusia, existiendo otros igualmente interesantes de conocer y visitar, como el de Novgorod, por ejemplo.

Los siglos le dieron cada vez mayor dimensión e importancia hasta convertirse en una gran fortaleza de 27 hectáreas rodeada de murallas y torres de acceso. La más alta y famosa es la de la Trinidad. Entre sus muros transcurrieron los acontecimientos de seis siglos de la historia de Rusia.

El Palacio de los Congresos de 1961 es lo más nuevo. Enfrente se encuentra el edificio del antiguo Arsenal, que fue construido a principios del siglo XVIII por orden del zar Pedro I como depósito de armamentos y trofeos de guerra. La fachada del edificio está decorada con antiguos cañones hechos y piezas tomadas por las tropas rusas al ejército de Napoleón en 1812. Frente al edificio del Arsenal hay dos edificios, el del antiguo Senado(que tiene una gran cúpula con la bandera de Rusia) y la Escuela Militar, ambos alojan al presidente de la Federación Rusa. Es la sede del Poder Ejecutivo Ruso. A la derecha, enfrente del edificio gubernamental, se halla el Cañón del Zar de 1586, que es el cañón de bronce más grande del mundo. Cerca está la Campana de la Zarina, también otro récord mundial. Ninguno ha sido usado jamás. El cañón nunca disparó balas y la campana se resquebrajó durante un incendio en 1737 y no pudo sonar.

En el centro se encuentran tres bellas catedrales. La Catedral La Asunción, la Catedral Arcángel Miguel y la Catedral de la Anunciación. Entre estas catedrales no existe mucho espacio libre. Los edificios tienen  los más diversos estilos: arabesco, gótico, griego, italiano, chino.

Está encerrado por una muralla de 2,40 m de altura por 2300 mt. de longitud con torres en todo el perímetro.  Era una ciudad en sí misma construida para estar protegida contra ataques enemigos.  Hay varios kremlins en Rusia, pero el más conocido es el de Moscú, que ocupa 27 hectáreas.  En su museo se exhiben las coronas y joyas de los zares, carruajes con incrustaciones de piedras preciosas en sus ruedas, larguísimas capas de armiño que cubrían a los príncipes y varios metros del piso por el que caminaban.  Los visitantes deben envolver sus zapatos con botas de tela para no raspar la lujosa superficie de madera del museo.

Allí vivieron los zares hasta los tiempos de Pedro el Grande, que reinó de 1682 a 1725, cuando la corte se mudó a San Petersburgo, luego Stalingrado, y después su antiguo nombre.  Hoy aloja al Parlamento ruso y desde 1918 ha sido el centro político y administrativo de Rusia.

Largas filas de personas se alinean todos los días para ingresar en la tumba de Lenin embalsamado.  Montañas de cámaras de foto y cinematográficas de los turistas, que tienen acceso privilegiado, se amontonan a la entrada pues está prohibido entrar con esos aparatos en el mausoleo.  Hace tiempo está en plena discusión una iniciativa que implicaría sacar la tumba de Lenin de la ciudadela.




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