Historia de la Evolución del Cambio Climatico






¿COMO ERA EL CLIMA ANTES?

A pesar del progreso tecnológico de las últimas décadas, el hombre se halla aún a merced de los elementos. Desde el pleistoceno, en que terminó la última glaciación, hace unos 10.000 años, hasta nuestros días, se han producido importantes fluctuaciones climáticas.

Las sequías a gran escala y anormalmente prolongadas se han traducido siempre en cosechas pobres y grandes privaciones para muchos seres humanos. En sus investigaciones sobre las condiciones climáticas del futuro, importantísimas para la agricultura y las reservas alimenticias mundiales, los científicos hacen especial hincapié en el conocimiento de las causas y la magnitud de los cambios climáticos del pasado.

Tras la retirada del principal manto de hielo del noroeste de Europa, el clima se caldeó rápidamente. Los granos de polen fósiles, preservados en turberas y sedimentos lacustres, señalan la presencia de bosques en este continente durante los períodos de clima seco denominados preboreal y boreal, de inviernos fríos y veranos calurosos.

Posteriormente, hace unos 7000 años, las temperaturas medias alcanzaron los valores más altos desde el final de las glaciaciones. En verano superaban a las actuales en 2 o 3 °C, mientras que las invernales lo hacían en 1 °C aproximadamente.

Este fue el comienzo del óptimo climático atlántico, expresión que alude a las favorables condiciones para el desarrollo de plantas y animales. En Europa, el límite de las nieves perpetuas se encontraba unos trescientos metros por encima del actual.

Las pinturas rupestres del Sahara, pertenecientes a esta época, revelan que en las actuales regiones desérticas hubo asentamientos humanos y migración. Es, por ello, lógico suponer que las lluvias monzónicas estivales se extendían más hacia el norte y regaban el Sahara.

Hacia finales de este óptimo climático, hace unos 5000 años, el incremento en las cantidades de polen de pino fósil indica que, en el noroeste de Europa, los bosques de coniferas sustituyeron a los de frondosas. En el período post-boreal volvió, al parecer, el frío y la sequedad. El declive fue gradual, aunque con algunas fluctuaciones importantes a corto plazo; hacia el año 900 a.C. (a principios de la fase climática subatlántica) aceleró su ritmo y las precipitaciones aumentaron considerablemente.

El nivel de numerosos lagos europeos subió bruscamente e inundó los terrenos próximos, incluidos algunos poblados. Los caminos tuvieron que ser desviados debido al crecimiento de las turberas, y el avance de los glaciares alpinos bloqueó los pasos de montaña durante varios siglos. El desplazamiento de las principales zonas climáticas hacia los polos, que tuvo lugar durante el óptimo climático atlántico, se invirtió y dejó paso a las tormentas subpolares sobre el norte de Europa.

La influencia del hombre sobre la vegetación natural, a través de la tala de bosques enteros, invalida el papel indicador del polen fósil para períodos posteriores. Por fortuna se dispone de otras indicaciones, como las fuentes arqueológicas y los documentos históricos. Mediante las modernas técnicas geofísicas y las sondas y taladros de gran profundidad se han obtenido asimismo datos fiables sobre el clima reinante a lo largo de todo el período postglacial.

Los siglos siguientes vieron un ascenso gradual de la temperatura y la sequedad, preludio del llamado óptimo climático secundario, que tuvo lugar entre los años 400 y 1200 d.C. Este período, especialmente cálido y sin tormentas en el Atlántico Norte, presenció los grandes viajes de los vikingos y su establecimiento en Islandia y Groenlandia, cuyas costas quedaban, en el siglo X, fuera de los mantos de hielo del Ártico. El cultivo de la vid en Inglaterra, mencionado por ciertas fuentes, prueba la suavidad del clima.

Durante los siglos VIII y XIV, estas condiciones ideales llegaron a su fin. Viejos cuadernos de bitácora y publicaciones meteorológicas mencionan la reaparición de los hielos polares que, junto a las condiciones cada vez más tormentosas del Atlántico Norte, interrumpieron las rutas entre Islandia y Groenlandia.

Las fluctuaciones climáticas extremas que tuvieron lugar en estos siglos han dejado sus huellas en numerosos puntos del hemisferio Norte. En el sudoeste de los Estados Unidos, los anillos de crecimiento de árboles milenarios indican que en el siglo xm, la sequedad fue muy acusada. En la India se conocieron también las consecuencias: la sequía y el hambre más desastrosas de su historia, debido a la ausencia de los monzones estivales.

En Europa, los años con inviernos rigurosos (el Danubio, el Támesis y el Rin se helaban) y veranos fríos y lluviosos (con pérdida de cosechas y el hambre subsiguientes) alternaban con otros de extrema sequía. Los datos disponibles sobre las fechas de la vendimia y los precios del trigo se han utilizado para determinar tales oscilaciones; no obstante, deben interpretarse con sumo cuidado, pues no dependen tan sólo de las condiciones climáticas.

Tamesis en 1677

El Támesis en 1677. En el siglo XVII se heló en más de veinte ocasiones y las ferias tenían lugar sobre el hielo. El viejo puente de Londres contribuía a ello al obstaculizar el descenso del hielo río abajo. El científico Robert Hooke registró cuidadosamente en su diario  el frío de la época.


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La Pequeña glaciación
En el noroeste de Europa se han realizado observaciones meteorológicas con instrumentos desde mediados del siglo XVII, por lo que se dispone de datos precisos sobre gran parte de la llamada Pequeña glaciación (1550-1880), en que las temperaturas descendieron a sus valores más bajos desde el final de las glaciaciones. Asimismo se dispone de abundante documentación acerca de los avances de los glaciares alpinos, como el del Ródano, que alcanzó su máxima extensión en el año 1602.

Los avances del hielo en otras partes del mundo, como América del Norte, se produjeron hacia la misma época. Ello permite, pues, trazar un mapa del fenómeno para todo el hemisferio Norte. En los cuadernos de bitácora se hace referencia a esta extensión de los hielos, jamás vista hasta entonces, que cubrían la mitad del océano entre Groenlandia y Noruega. Tanto en este país como en Islandia, los cultivos se perdieron y las granjas de montaña quedaron cubiertas por el hielo. Muchos grandes ríos se helaron por completo, entre ellos, el Támesis.

Cambios ocurridos en los últimos cien años
Si bien los instrumentos primitivos dejaban mucho que desear en lo que a su precisión se refiere, se estima que, en 1780, las temperaturas medias del mes de enero eran en el centro de Inglaterra unos dos grados más bajas que las actuales. A medida que se perfeccionaron los instrumentos, la cantidad de datos disponibles, sobre numerosas regiones del globo aumentó en oriental, un aumento del 130-140 por ciento ocasionó bruscas subidas en el nivel de los lagos.

El del lago Victoria, por ejemplo, ha subido 1,5-2 m desde 1961 y, hoy día, representa una seria amenaza para los poblados de las orillas. Por otro lado, las latitudes comprendidas entre los 10° y los 20° en ambos hemisferios han sufrido sucesivos años de sequía. Dado que se trata de zonas de agricultura marginal, donde las, escasas lluvias apenas permiten magros cultivos y una ganadería escuálida, la sequía trajo consigo un hambre catastrófica con pérdida de muchas vidas humanas.

Fuente Consultada:
El Arbol de la Sabiduría Fasc. N°53 Cambios Climáticos





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