Grandes Errores de la Historia Libros Prohibidos



Errores de la Historia – Libros Prohibidos

Sospechas de suciedad: Las librerías de Australia, como ocurre con las de la mayor parte de las naciones, están abarrotadas de literatura sexualmente muy explícita. Pero hasta hace poco tiempo, en Australia regía una severa censura literaria.

No hace mucho, por ejemplo, una redada policial confiscó incluso un cartel que reproducía la clásica estatua desnuda de David, de Miguel Ángel. El cartel estaba expuesto en una librería.

En esa misma época, unos 5.000 libros figuraban en una lista que declaraba: “prohibida su entrada al país». Entre esos libros figuraban un Mundo Feliz, de Aldous Huxley, Adiós a las armas, de Ernest Hemingway, y Moll Flanders, de Daniel Defoe.

Pero hubo una ocasión en que las mezquinas purgas contra la literatura «licenciosa» revelaron su propia naturaleza. La ley fue puesta en ridículo, al caer en una trampa hábilmente preparada. Sucedió en 1944, época en que la censura era más opresiva que nunca.

Por esos años, aparecía una revista literaria muy progresista, publicada en Adelaide y titulada Angry Penguins (es decir, Los pingüinos enfadados), que no gozaba de las simpatías policiales. Cierto día, sus editores, Maz Harris y John Reed, recibieron en su oficina una notable noticia artística.

Ésta llegó bajo la forma de un paquete enviado por Ethel Malley, que contenía un gran número de poemas «de vanguardia» escritos por el hermano de la remitente, Em, antes de morir en la oscuridad y la pobreza, a la edad de 25 años.

Harris y Reed quedaron tan impresionados con su nuevo descubrimiento que publicaron una edición especial de su revista para «conmemorar al poeta australiano Em Malley». Cuando la revista apareció, dos jóvenes poetas de Sydney estuvieron riendo hasta quedar roncos.

Porque ellos eran los auténticos autores de los «poemas de vanguardia», que habían compuesto ensartando palabras al azar y frases sin sentido. Los dos tramposos planearon mantener su secreto por un tiempo, a fin de prolongar las manifestaciones de los críticos literarios, que parecían ansiosos por elogiar aquel galimatías. Pero los hechos sobrepasaron a los dos poetas.

Porque la policía de Australia del Sur secuestró los ejemplares de la revista y acusó a Harris, como editor de los poemas, de publicar temas indecentes. En el tribunal, el detective responsable de la incautación de aquella colección de insensateces interpretó que uno de los poemas hablaba de cierto hombre que deambulaba por la noche con una antorcha en la mano.



«Creo que en este poema hay una sugestión de indecencia», comenté el detective. «Yo mismo he comprobado que esa gente que deambula de noche por los parques lo hace con propósitos inmorales. En realidad, dos estos versos son indecentes.»

Acerca de otro poema, el policía sostuvo: «Se usa la palabra incestuos, No sé qué significa, pero la considero indecente». Harris fue condenado y el policía recibió elogios por su «celo y competencia».

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes



------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------