Los Primeros Oficios en Argentina Pioneros en el Trabajo


Los Primeros Oficios en Argentina
Pioneros en el Trabajo Argentino

1-Primer Pregonero
2-Primer Verdugo
3-Primer Maestro
4-Primer Abogado
5-Prime Actor
6-Primer Periodista
7-Primer Fotógrafo y muchos mas!

El primer pregonero

La primera noticia sobre el pregonero de la ciudad, después de Garay, se registró en el acta acuerdo del Cabildo del 9 de julio de 1590: allí se habló de la necesidad de contar con alguien que diera a conocer a los vecinos las novedades de interés común y las disposiciones del gobierno. Lo curioso es que, en el caso de los comunicados oficiales, el pregonero no recibía remuneración alguna: “debíase pregonar sin pago —aclara el acta— cuando se tratare de asuntos de interés para este Puerto”.

Años después se da cuenta de lentas y generalmente infructuosas gestiones del pregonero para tratar de cobrar algún salario hasta que finalmente el Cabildo unificó el trabajo de pregonero con el de verdugo, y este último sí recibía una paga. La “carga pública ” del pregonero recayó por primera vez en Juan Aba, un indio que no sabía leer. Si bien el Cabildo no especificaba la capacidad de leer y escribir en su concurso por el cargo, es obvio que el pregonero, condenado a repetir, debía valerse de la lectura para poder memorizar.Juan Aba, entonces, sólo se dedicó a repetir en voz alta los dichos del escribano del Cabildo u otro funcionario que leyera a su lado los documentos para dar a publicidad.

El primer verdugo

El primer verdugo de Buenos Aires fue Diego Rivera o de Rivera, a la vez pregonero y tambor. Rivera vivía tapado de trabajo: al no existir la cárcel como elemento pretendidamente rehabilitador, eran muy pocas las detenciones que se llevaban a cabo; en general se preferían castigos “ejemplificadores” que iban desde cortar la cabeza a piernas o manos, o el linchamiento. Los castigados eran expuestos durante varios días en la Plaza Mayor, a la vista del público.

En el Cabildo del 13 de febrero de 1607 se colocó a la vista del público el “Arancel de los derechos de los jueces y escribanos, en una tabla, para que a todos conste”. Según aquel arancel, los derechos de los verdugos eran los siguientes: por ejecutar una sentencia de tormento, un peso y medio ; por cualquier sentencia que no fuera de muerte,  dos pesos y medio; por la condena a muerte, dos pesos y medio más con la ropa del delincuente. Como pregoneros les correspondía: en el pregón por las cosas perdidas, un peso; por el voceo de una rebeldía, seis reales; por el remate de bienes, seis reales; por salir con los delincuentes pregonando su delito y sentencia, un peso y medio.

El primer maestro

No sólo las actas de fundación de la ciudad se han perdido, también las del Cabildo desde la fundación hasta 1588 y las de 1591 hasta 1605; este hecho hizo que se pensara, durante muchos años, que el primer maestro en Buenos Aires fue Francisco de Vitoria, sobre la base de un acta del Cabildo del 19 de agosto de 1605. Sin embargo, la enseñanza primaria debió iniciarse hacia 1591. Ya en ese año, la profesión de maestro no era respetada. No se consideraba un oficio, sino “la labor de quien no tiene otra cosa que hacer”.

En 1642, el maestro Diego Rodríguez se propuso ante el Cabildo “porque era pobre y sin oficio”. Francisco de Vitoria dijo en su solicitud de agosto que ofrecía sus servicios por no haber en la ciudad quien lo hiciera, “y por ser cosa muy conveniente el servicio de leer, escribir y contar, por hallarme al presente desocupado”. De Vitoria, al ser aprobada su solicitud, pidió un adelanto de sueldo: un peso “por los de leer y dos por los de escribir y contar”. Se ignora si el Cabildo cumplió lo pactado.

El primer sastre

En 1605, la ciudad contaba con un sastre, un maestro de primeras letras y un médico. El sastre tuvo un mal comienzo: en el acuerdo del Cabildo del 24 de enero se registró una petición del sastre Sebastián de la Vega en la que pidió que no se le aplicara la pena impuesta por habérsele hallado una  regla falsa; la regla de medir usada por Vega no alcanzaba la longitud de la vara, de modo que al medir la tela de los clientes se quedaba con una parte. Los cabildantes rechazaron el pedido y ejecutaron la condena.

Los primeros abogados

El primer desembarco leguleyo en Buenos Aires no rué aislado: intentó instalarse un bufete completo, que tropezó con la oposición del Cabildo. El 22 de octubre de 1613, bajo el gobierno de Mateo Leal de Ayala, decidió aplicar una ordenanza del virrey Francisco de Toledo que no dejaba lugar a equívoco alguno: mandaba que “en los asientos de minas, fronteras y nuevas poblaciones no haya abogados”.

Aquel Cabildo sesionó completo, incluyendo al capitán de Ayala, gobernador interino, el capitán Simón de Valdez, tesorero, Bernardo de León, depositario general y todos los alcaldes y regidores.



“De lugares distintos cada uno de ellos —se informó— pero se han concertado los tres de venir este verano a este puerto con ánimo de que haya pleitos para ganar plata con que volverse o asistir en él.” El regidor Miguel del Corro aseguró que “era público y notorio” que “tres atrevidos abogados” llegarían en poco tiempo y “con su asistencia no faltan pleitos, marañas, trampas y otras disensiones que resultarán, para los pobres moradores, en inquietudes, gastos y pérdidas de hacienda”. Del Corro terminó su exposición solicitando que “los dichos tres letrados, ni ninguno de ellos, no se admitan ni reciban en esta ciudad. Propongo que se les dé aviso de ello enviándoles al camino orden para que no entren en ella si no fuera trayendo particulares licencias de Su Majestad y Real Audiencia”.

Los primeros contrabandistas

La preocupación del tesorero Valdez, como se verá, era eliminar a cualquier testigo molesto y peor aún, conocedor de la ley: su anhelo, como el de sus predecesores en el cargo, era entrar en gran escala mercaderías y esclavos negros de contrabando con destino al Alto Perú. Junto al teniente de gobernador Juan de Vergara y al capitán Diego de Vega, representante de comerciantes portugueses, organizaron el “contrabando legal” gracias a las maniobras de “arribadas forzosas” de barcos, debido a tormentas o vientos contrarios.

Valdez era, en verdad, un botón de muestra. En la primera mitad del siglo XVII Buenos Aires fue un centro de contrabandistas que formaron un poder dentro del poder del Estado, con vínculos y representantes establecidos en Brasil, Portugal, Angola, Holanda y otros puertos de esclavos.
Frente al contrabando, ningún gobernador era fuerte: cuando Hernandarias no quiso transigir con aquel ambiente fue perseguido, acusado de crímenes que no cometió y condenado por jueces afines a los contrabandistas.

No se trataba de corromper a los que ya estaban, sino de contar con “tropa propia”: adquirían en “subasta pública” los cargos de concejales que eran puestos a remate, paliando así con (acuidad la mayoría en el Cabildo.

La venta de cargos públicos —incluyendo gobernadores, grados militares, municipales, etc.— se hacía por remate o como “donativo gracioso” al rey. Esta “costumbre” comenzó bajo el reinado de Felipe II. Manuel de Velazco y Tezada, por ejemplo, adquirió su empleo de gobernador y capitán general de Buenos Aires en la suma de tres mil doblones como “donativo gracioso”.
Las telas eran el principal rubro del contrabando, pero muchas otras mercaderías formaban parte de los cargamentos, recibiendo todas en conjunto el nombre de “géneros” en el habla coloquial de la época.

En la confiscación de la fragata Arbela, en 1719, las autoridades porteñas encontraron armas, telas, cerveza, aguardiente, brea, pólvora, marfil, cera, lienzos de algodón, loza de la China, arroz, cuchillos, espejos, tabaco, prendas de vestir, etc.

Un cargamento sorprendido en las lanchas del navío Wootle, en 1727, arrojó en el inventario: cuchillos, cucharas, limpiadientes, anteojos de larga vista, peinetas de asta, marfil, tijeras, navajas, tornillos, bastones de metal y de vidrio, cajitas de polvillo, medias de hombre y de mujer, medias de seda, vasos, saleros, sombreros finos, encajes, zapatos, chinelas, pañuelos de seda, hojalata para faroles, relojes de plata, hachas y todo tipo de baratijas.

El mito de la riqueza del Plata había encontrado su propia forma: según una crónica de viaje del siglo XVII firmada por Acárete du Biscay, comerciante holandés, había en Buenos Aires “unos cuatrocientos vecinos blancos y otros dos mil”, muchos de ellos “muy ricos en dinero”. En 1658 escribió que los vecinos “se hacían servir en vajillas de plata por un gran número de sirvientes indígenas, negros, esclavos y mestizos”.

El primer casino

Fue nuestro ya conocido capitán Simón de Valdez, tesorero de la Real Hacienda, el primero en instalar una casa de juegos en Buenos Aires, en la esquina sudeste que forman las actuales calles Alsina y Bolívar. Tenía tejas y ladrillos —como pocas casas de la ciudad—, puertas ventanas labradas en Brasil y un lujo inusual para este puerto; allí se daban cita oficiales reales, funcionarios, traficantes de esclavos y contrabandistas. Valdez fue denunciado y encarcelado por Hernandarias, aunque su mala fortuna duró poco: en 1616 volvió al cargo de tesorero y fundó otra “casa de truques” con mayor osadía: alquiló un local anexo al Cabildo.

Los primeros boqueteros

La proximidad a los edificios oficiales determinó también la aparición de los primeros “boqueteros” del Plata. Alberto Rivas rescata la anécdota del primer robo de verdadera importancia en la Colonia, en 1631: desde un edificio vecino se construyó por la noche un boquete hasta “la Contaduría y Tribunal de los Jueces Oficiales de Vuestra Majestad, donde está su Real Caja, y quemado la tapa de ella y robado nueve mil cuatrocientos y tantos pesos de a ocho reales”.



La cifra era inaudita, y también el sitio, lo que acortó rápidamente la lista de sospechosos: todos señalaron a Pedro Cajal, un funcionario que había desaparecido ese mismo día. Cajal y Juan Puma, su esclavo, fueron arrestados de inmediato, y el dinero se encontró enterrado en el fondo de su quinta. A la hora de discutir la pena, se planteó que ambos debían morir en la horca pero Cajal, “por tratarse de un hijodalgo”, no podía ser ahorcado; sólo podía cortársele la cabeza. Y así fue.

EL PRIMER FABRICANTE DE BOTONES: Fue Agustín Raimondi, nacido en Milán en 1850 y llegado a nuestras tierras a los veinte años. Advirtió que en materia de algo tan simple pero tan elemental como los botones, la Argentina dependía de los caprichos de los importadores. Instaló entonces, en 1885, la primera fábrica. Tres años más tarde, en la Exposición General de Entre Ríos, obtuvo una medalla al mérito industrial. En 1889, durante la Exposición Universal de París, obtiene otra importante distinción. Sin duda, no había trabajado al divino botón.

EL PRIMER GRAN INCENDIO: Ocurrió en Buenos Aires el martes de carnaval de 1832. En el llamado Hueco de las Ánimas (actualmente la esquina de Reconquista y Rivadavia) se había inaugurado no hacía mucho el teatro Gran Coliseo. Por causas desconocidas se inició un fuego que arrasó por completo con las instalaciones. Se necesitaba mucha agua para apagar tanto fuego. Pero no había. Fue un desastre.

EL PRIMER ACTOR ARGENTINO: Juan Aurelio Casacuberta, nacido en 1798 en Buenos Aires. En 1818, con veinte años, debuta en teatro. Respetado en lo suyo, debe huir del país por haber participado de una revuelta en contra de Rosas. En Chile, muere al finalizar una representación, a sus cincuenta y un años.

EL PRIMER TRASPLANTE DE CORAZÓN

Se llevó a cabo en la madrugada del 31 de mayo de 1968, en la Clínica Modelo de Lanús, provincia de Buenos Aires. Un equipo médico comandado por el doctor Miguel Bellizi produjo el hecho. El donante, muerto hacía tal vez solo una hora, fue Emilio Tomasetti, de cuarenta y seis años, quien había sucumbido por una embolia cerebral. El receptor fue Antonio Enrique Serrano, de cincuenta y cuatro años. Era aquel el trasplante de corazón número 20 que se realizaba en todo el mundo. La operación duró 2 horas y 35 minutos.

Al principio resultó, pero Serrano moriría cuatro días más tarde al haberse complicado el cuadro médico. Sin esa operación, el paciente hubiera muerto indefectiblemente en un corto lapso. Bellizi como cirujano, Tomasetti como donante y Serrano como receptor, pasaron a la historia como los primeros argentinos protagonistas de un trasplante de corazón. El doctor Bellizi tenía cuarenta y dos años cuando realizó aquella histórica operación. Le gustaba pintar, había estudiado con Dentón Cooley en los Estados Unidos y le peleaba a la muerte. Una segunda paciente también murió y fue acusado ante la Justicia por un abogado que le endilgó el cargo de homicidio culposo.

Fue absuelto, por supuesto, pero no quiso volver a probar. Murió en 1991, con cierta amargura. Su sucesor natural fue Rene Favaloro, quien también murió decepcionado y con cierta amargura. Ambos tenían razón: hay en el país alrededor de 250 trasplantados y en el mundo ya superan los 50.000. Y viven. Sin la operación no sería así.

elogios importantes para la mujer

EL PRIMER PERIODISTA PAGO

Fue Pedro José Agrelo, vinculado a la Revolución de Mayo y amigo personal del director de nuestro primer periódico, Mariano Moreno. Agrelo fue redactor de La Gaceta de Buenos Aires, iniciando su labor el 23 de marzo de 1811, lo que lo marcaba como el primer periodista pago. Ganaba 1.200 pesos por mes.

LA PRIMERA COMPAÑÍA TELEFÓNICA

Fueron dos y prácticamente simultáneas: la Pantelefónica Gower Bell y la Unión Telefónica del Río de la Plata. Ambas nacieron en 1880. La primera comunicación telefónica entre dos ciudades de nuestro país se llevó a cabo entre Buenos Aires y Ea Plata seis años más tarde, el 1° de marzo de 1886. Las autoridades de la compañía llamaron desde la Capital y, curiosamente, consiguieron de inmediato.

PRIMERA ACTRIZ ARGENTINA QUE PERSONIFICÓ A EVITA

Flavia Palmiero, en 1984 y cuando ella tenía diecisiete años, en la película Evita (Quien quiera oír que oiga), dirigida por Eduardo Mignogna.

LA PRIMERA PELÍCULA ARGENTINA: Se exhibió en 1897, a un año y medio de la primera exhibición mundial de la historia llevada a cabo por los hermanos Eumiére el 28 de diciembre de 1895 en París, Francia. Se llamó La bandera argentina y se trataba de un corto sobre nuestra enseña patria, obviamente. Si con ese título hubiera tratado sobre la vida de los insectos en Nigeria, sería una verdadera curiosidad. Su director fue el belga Eugenio Py, operador de la pionera Casa Eepage de fotografía, que quedaba en Bolívar 375 de la Capital.

El primer documento fílmico de nuestro país, por otra parte, fue descubierto sin querer sólo en 1970. Por entonces se estaba realizando un inventario y clasificación del archivo del Hospital de Clínicas para proceder a su inminente traslado. Fue entonces que el doctor Florentino Sanguinetti, encargado de esa tarea, descubrió varios rollos de película en los que se documentaban diferentes operaciones. Uno de ellos mostraba al doctor Alejandro Posadas, uno de los grandes de la medicina argentina, operando un quiste de pulmón.

El doctor Posadas murió en 1902 en París, donde residía desde hacía ya un tiempo. Se estima que la filmación de aquella intervención quirúrgica data de 1899, lo que la transforma en el primer documental del cine nacional.

LA PRIMERA FUNCIÓN DE CINE: Seis meses y veintiún días después de la primera exhibición de cine en la historia del mundo, protagonizada por los hermanos Lumiére en el Salón Indien del Grand Café de París, se producía en la Argentina la que sería su primera función de cine. Fue el 18 de julio de 1896 y el lugar elegido fue el Teatro Odeón. Asistieron, entre otros, Julio A. Roca y Bartolomé Mitre. Se proyectaron los mismos filmes que se habían visto en París. Al principio hubo ciertas escenas de pánico durante la proyección de Llegada del tren a la estación de la Ciotat, ya que muchos espectadores creyeron que la locomotora saldría de la pantalla atropellando a la platea. Pero nadie nos llamó “sudacas” ni analfabetos. En París había ocurrido lo mismo.

LA PRIMERA MUJER GOBERNADORA

El 24 de junio de 2007 se llevaron a cabo las elecciones para gobernador de la provincia de Tierra del Fuego y ganó Fabiana Ríos. En otras ocasiones hubo mujeres que fueron electas como vicegobernadoras, acompañando al candidato principal, pero aquí Fabiana fue la que ganó por el 52 % de los votos el cargo más alto de la provincia, por primera vez en la historia argentina.

Fabiana Ríos ya tenía otro récord: es la primera diputada nacional cuya ocupación es la de farmacéutica. Pertenece al ARI, partido liderado por otra mujer, Elisa Garrió. Con cuarenta y tres años, casada con un concejal también recién electo y madre de dos hijos, nació en Rosario, pero hace veinte años que vive en la provincia más austral del planeta y que ahora está en sus democráticas manos.

LA PRIMERA NOTICIA FILMADA EN LA ARGENTINA: Fue el 25 de octubre de 1900. Se documentó en cine la visita de Manuel Ferraz de Campos Salles, presidente de Brasil. Su colega argentino y anfitrión era Julio Argentino Roca.

EL PRIMER LUGAR PORTEÑO EN EL QUE FLAMEÓ UNA BANDERA ARGENTINA: El 23 de agosto de 1812, exactamente 177 días después de que Manuel Belgrano la creara, en la Iglesia de San Nicolás de Bari, que en ese tiempo estaba en el sitio exacto donde hoy se erige el obelisco.

EL PRIMERO QUE LLEGÓ AL POLO SUR: El coronel Jorge Leal fue el comandante de la primera expedición argentina que llega al Polo Sur. Leal nació en Salta, muy lejos de allí, pero en ese momento era el jefe de la Base Antártica General Belgrano. De allí parte la expedición el 26 de octubre de 1965, llegando al Polo el 10 de diciembre a las 9 horas y 25 minutos, con una temperatura de 74° bajo cero.

Había nacido un héroe contemporáneo. El coronel Leal y su gente habían llegado allí durante una larga travesía terrestre y deja como agradecimiento y para sentar presencia una imagen de la Virgen del Milagro, una advocación salteña como él, y otra de la Virgen del Valle. Habían recorrido mil cien kilómetros por tierra o, mejor dicho, por hielos, a lo largo de 45 días. Tenían motivos sobrados para el agradecimiento. Y no fue por deporte, sino para refirmar la soberanía.

EL PRIMER CASO DE UN CORAZÓN EN EL COSTADO DERECHO: Se comprueba en 1896 y quien lo hizo fue el doctor Faustino Juan Trongé, que por aquellas épocas, oficiaba de practicante en la Penitenciaría Nacional. Precisamente un interno de aquel instituto, un preso, era el que había nacido con el corazón en su costado derecho, lo cual no le había creado (ni le creó nunca) ningún tipo de complicación. No quedó registrado su nombre.

EL PRIMER FOTÓGRAFO: El 22 de junio de 1843, La Gaceta Mercantil anunciaba que había llegado al país quien sería el primer fotógrafo afincado en estas tierras, un hombre de apellido Elliot, de origen estadounidense, que operaba con su máquina de daguerrotipo en la Recova Nueva, frente a la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) en los altos de una casa ubicada en el número 56. En cuanto a la fotografía en papel, el primero en utilizarla fue Juan Camaña el 14 de noviembre de 1853. Camaña tenía su estudio en Chacabuco 76 y allí retrataba a quien pagara por eso, y daba clases a quienes lo requirieran.

EL PRIMER ARGENTINO QUE LLEGÓ A LA CIMA DEL EVEREST: El Everest es la montaña más alta del planeta Tierra, tiene 8.848 metros de altura. Muchos se le enfrentaron pero pocos llegaron a vencerla. El 11 de mayo de 1995 lo logró un argentino por primera vez. Tomás Heinrich, un ingeniero agrónomo que por entonces tenía treinta y tres años y un amor enorme por el andinismo. Volvió a intentar la hazaña tres años más tarde, pero debió abandonar a solo sesenta metros de la cúspide.

EL PRIMER PAPEL: Esto que ustedes tienen en las manos, el papel, es algo mucho más complejo de lo que algunos pueden imaginar. Sin embargo, aquí se consiguió de manera temprana. El primer pliego de papel industrialmente fabricado en nuestro país salió de las máquinas de la fábrica Primitiva, el 13 de enero de 1877 a las 18 horas y 11 minutos. A lo largo de la historia hubo, antes y después, grandes papeles, es decir papelones, pero eso estuvo por lo general a cargo de gente del mundo del espectáculo y de la política, como veremos más adelante.

EL PRIMER ARGENTINO CAMPEÓN MUNDIAL DE BOXEO: Pascual Pérez, el 26 de noviembre de 1954, en Tokio, le ganó el título mundial en la categoría de peso mosca a Yoshio Shirai, por puntos y a quince rounds.

EL PRIMER JEFE DE POLICÍA: Siendo ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia creó la llamada Policía del Estado el 24 de diciembre de 1821. Cuatro días después designa como jefe de Policía a Joaquín de Achaval, quien asume el 1° de enero de 1822. Achaval crea el Cuerpo de Peoneros que, con sus 150 hombres, se encargaría del cuidado de las obras públicas. Luego se los llamaría Celadores de Policía y agregarían a sus funciones una muy importante: el cuidado de la seguridad. Eran los primeros agentes de policía del país. Achaval y sus hombres fueron, también, quienes tuvieron a su cargo la tarea de colocar las tablillas con los nombres de las calles y los números en las casas de Buenos Aires.

EL PRIMER INFORMATIVO DE RADIO: Se difundió por la onda de LR1 Radio El Mundo el 12 de octubre de 1935. Fue leído por el periodista Carlos Taquini.

EL PRIMER CHORRO DE PETRÓLEO ARGENTINO: Brotó en Comodoro Rivadavia en 1907. Los felices descubridores de ese primer chorro de oro negro habían excavado hasta los 540 metros pero, en realidad, sin imaginar su buena suerte, ya que lo que buscaban era simplemente agua.

EL PRIMER CONGRESO MUNDIAL DE AMAS DE CASA: Se llevó a cabo en el hotel Bauen, de Buenos Aires, el 26 de octubre de 1995.

LA PRIMERA MORGUE: Por orden del día del 31 de diciembre de 1873, la Jefatura de Policía dispuso que los cadáveres de personas desconocidas o muertas violentamente fueran trasladados a un depósito de la repartición, en Moreno 121, transformándose aquel lugar en la primera morgue argentina. Hasta ese momento, los cadáveres eran colocados bajo los portales del Cabildo a efectos de ser reconocidos e identificados por algún pariente o amigo.

EL PRIMER PROGRAMA DE TELEVISIÓN: Se realizó en circuito cerrado en la Facultad de Medicina de Buenos Aires, en 1950. Los primeros televidentes del país fueron los estudiantes de Medicina de aquella época. Lo que presenciaron fue un teleteatro científico y pedagógico que estuvo protagonizado por el actor Roberto Airaldi y la actriz Myriam de Urquijo.

El nombre de aquel programa fue El piloto. Significa que la televisión argentina, desde su mismísimo inicio, fue un medio muy útil para enseñar y formar, cosa que, como todos sabemos, se mantuvo hasta nuestros días de manera rigurosa. En cuanto a la primera emisión pública, ocurrió el 17 de octubre de 1951 y lo que se mostró fue el acto del Día de la Lealtad, fiesta peronista tradicional que se llevó a cabo en la Plaza de Mayo. Solo había en Buenos Aires treinta aparatos de televisión que fueron puestos en las marquesinas de negocios importantes del centro.

Así muchos pudieron ver la última aparición de Eva Perón en el balcón de la Casa Rosada, siendo sostenida por la cintura por su esposo, el presidente Perón, y habiéndose levantado con esfuerzo luego de 24 días de no hacerlo debido a su extrema debilidad, provocada por el cáncer que la consumía. En ese mismo año, Adolfo Salinas, un hombre de radio, fue el primer locutor de TV de nuestra pantalla chica.

LA PRIMERA MUJER QUE PARTICIPÓ EN UNA OLIMPÍADA: En 1936, en las Olimpíadas de Berlín, con un clima tenso en el que se olía la guerra y con la asistencia de Adolfo Hitler a la inauguración de los juegos, una única mujer formaba parte de la delegación argentina. Cincuenta hombres y una mujer descripta como “de pollera ondulante, pelo rubio y zapatos de taco” formaban el grupo. Se llamaba Jeannette Campbell y era bella y coqueta. Ella no quiso chaperona ni acompañante alguna. Compitió con altura y el 10 de agosto de 1936 marcó un hito para nuestro deporte: se llevó la medalla de plata en natación, 100 metros libres, estableciendo una marca argentina que se mantuvo durante los siguientes veintiocho años.

LA PRIMERA PELÍCULA ARGENTINA A COLOR: El primer intento fue El gaucho y el diablo, dirigida por el italiano Ernesto Remani, pero las cosas no salieron bien. Se considera que el primer filme nacional a color, más precisamente con el sistema ferraniacolor, fue Lo que le pasó a Reynoso, estrenada el 24 de mayo de 1955 en el cine Monumental de Buenos Aires.

La película, basada en un libro teatral de Alberto Vacarezza, tuvo su primera versión en 1937. Fue en blanco y negro pero con dos coincidencias: el mismo director (Leopoldo Torres Ríos) y el actor Floren Delbene.

EL PRIMER AUTOMÓVIL ARGENTINO: Luego de cuatro años de trabajo fue armado por Manuel Iglesias, un gallego llegado a Buenos Aires en 1885. En 1903 decidió trasladarse a la ciudad de Campana y allí comenzó a trabajar en lo que sería el primer auto fabricado íntegramente en la Argentina.

Lo probó allí, en Campana, ante el asombro y el miedo de sus vecinos, el 20 de noviembre de 1907. Ese día ocurrió, también, el primer accidente con víctima producido por un automóvil argentino: don Manuel atropello, con fatales consecuencias, a un atrevido perro que se cruzó valientemente en el camino de aquella (para el perro) infernal máquina. No pudo frenar. Ni don Manuel ni el perro. Debido a ese accidente, los habitantes de Campana de aquella época comenzaron a llamar al auto de don Manuel con el poco agraciado nombre de “mataperros”.

Sin embargo, un monumento en la ciudad rinde merecido homenaje a don Manuel Iglesias. Otro monumento, el mismísimo auto, que según dicen aún funciona, es conservado con razonable celo por los herederos del gallego ingenioso.

Fuente Consultada:
Crónica Loca de Víctor Sueiro
Argentinos de Jorge Lanata.

 

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