Biografía de José María de Alvear Vida Política en el Río de la Plata



Biografía de Carlos María de Alvear

Nació en un pueblo de Misiones —San Ángel— el 25 de octubre de 1789. En 1802 ingresó en el Regimiento de Infantería de Buenos Aires y luego en el de Dragones. Al regresar a España, con su familia, las naves españolas en las que viajaba fueron atacadas por los ingleses (1804). Del incendio de la fragata en la que iban los Alvear solo se salvaron Carlos María y su padre —Diego de Alvear—.

Jose María de Alvear

Ambos van a Inglaterra como prisioneros y, en ese país, Carlos termina su educación. En 1806 va a España, donde entra en los Carabineros Reales. Regreso  a  Londres y allí conoce  a Francisco Miranda, promotor de la emancipación de las colonias españolas en América. Conoce allí a San Martín; con él y otros criollos regresa a Buenos Aires en 1812.

De inmediato se pone al servicio de su patria y San Martín lo nombra segundo jete del regimiento de Granaderos. Alvear organiza la filial argentina de la Logia Lautaro y preside el golpe de estado del 8 de octubre de 1812, con el fin de dar un camino nuevo a los destinos de la revolución de Mayo.

La consecuencia de este golpe fue la creación de la Asamblea del año 13, que presidió Alvear. Con este cargo aumenta su poder y comienza su rivalidad con San Martín. La Asamblea reemplaza al Triunvirato por el Directorio Unipersonal y nombra Director Supremo a Gervasio Posadas, tío de Alvear.

Alvear fue jefe de las fuerzas de Buenos Aires y reemplazó a Rondeau en la Banda Oriental cuando la acción se encontraba casi concluida; de modo que rindió a los realistas casi sin esfuerzo y se llevó los laureles del éxito. Luego organiza con éxito una campaña contra Artigas y después vuelve a reemplazar a Rondeau en el Ejército del Alto Perú. Pero no llega a tomar el mando esta vez porque los jefes del ejército se sublevan y Alvear, al saberlo, regresa a Buenos Aires. En ese momento renuncia Posadas y Alvear es elegido Director Supremo (1815).

Como comandante de las fuerzas patriotas en la Banda Oriental, Alvear rinde a los realistas en Montevideo en 1814. En enero de 1815 es nombrado director supremo: ordena la represión del caudillo oriental Artigas v busca un protectorado inglés. La sublevación de la vanguardia de las tropas en Fontezuelas precipita su caída y exilio antes de cumplir cuatro meses de mandato. Se traslada a Río de Janeiro, y luego a Montevideo, y traba alianzas para asumir la gobernaron de Buenos Aires. Triunfa en Cepeda el 10 de febrero de 1820, pero es derrotado por las  fuerzas de Dorrego, con apoyo de Rosas, en San Nicolás de los Arroyos. Comisionado en distintas misiones diplomáticas, negocia con el ministro inglés George Canning, el presidente de los Estados Unidos Monroe y el Libertador Bolívar.

Como tal tomó medidas enérgicas y algunas impopulares. La más impopular fue el ofrecimiento del Protectorado para el Río de la Plata a Gran Bretaña. La gestión, no pudo llevarse a cabo pero, al conocerce las gestiones en Buenos Aires, la opinión pública se puso totalmente en su contra.

Este hecho provocó la revolución de abril de 1815 que lo depuso. Desterrado, se dirigió a Brasil. Pero en 1820 tomó parte en la guerra entre los caudillos del Litoral y el Directorio que culminó en la batalla de Cepeda. Alvear deseaba lograr el gobierno de Buenos Aires, pero no lo consiguió; su actuación, en este sentido, culminó en San Nicolás, donde fue vencido por Dorrego, y pasó a Montevideo.

Regresa a Buenos Aires gracias a la Ley del Olvido. Realiza algunas misiones diplomáticas y, en 1826, el presidente Rivadavia —de quien había sido ministro de Guerra y Marina— le da el mando de las tropas en la guerra contra el Brasil, donde Alvear tuvo una actuación sobresaliente. Venció a los brasileños en las batallas de Bagé, Ombú, San Gabriel, Camacuá, Baxacay e Ituzaingó (20 de febrero de 1827). Pero cuando Dorrego asume el gobierno de Buenos Aires lo reemplaza en el cargo Lavalleja.



En 1838, viaja a Estados Unidos como ministro plenipotenciario; en ese cargo continúa hasta su muerte, acaecida en Nueva York el 3 de noviembre de 1852.

Fuente Consultada:
Mi País, Tu País Enciclopedia Argentinade la Escuela y El Hogar Fasc. N°125
Centro Editor de América Latina

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UNA COMPLETA BIOGRAFÍA DE SU VIDA Y SU COMPROMISO CON LA ENMACIPACIÓN AMERICANA

Nació en Santo Ángel de la Guarda, Misiones del Uruguay, el 25 de octubre de 1789, siendo sus padres don Diego de Alvear y Ponce de León, brigadier de la Real Armada, natural de Andalucía; y doña María Josefa Balbastro. Alvear nació mientras su padre estaba encargado de la demarcación ele límites entre españoles y portugueses en las colonias de ambas naciones.

Hizo sus primeros estudios en Porto Alegre y más tarde en Buenos Aires, donde el 16 de mayo de 1802 fue dado de alta como cadete del Regimiento de Infantería, pasando al de Dragones el 16 de julio del mismo año. En 1812 desembarcó en Buenos Aires junto a José de San Martín para sumarse a la causa de la emancipación americana. Junto a éste y con el grado de teniente de caballería creó el célebre regimiento de Granaderos a Caballo que participó en la batalla de San Lorenzo. 

Carlos Alvera General

En 1804 su padre resolvió trasladarse a la Península con toda su familia, en la expedición que salió del Río de la Plata, compuesta por las fragatas españolas «FAMA», «MEDEA», «FLORA» y «MERCEDES», que conducían 1.645.542 pesos fuertes y un rico cargamento.

La familia de don Diego de Alvear se embarcó en la «MERCEDES» y, cuando aquella expedición fue atacada por igual número de naves inglesas frente al cabo Santa María, el 5 de octubre de 1804, la fragata en que iba la familia Alvear se incendió, yéndose a pique, muriendo doña Josefa Balbastro y siete de sus hijos; salvándose su esposo y su hijo primogénito Carlos, gracias a que éste por su carácter indócil y travieso, había sido pasado de la «MERCEDES» al buque donde iba el padre separado del resto de la familia.

D. Diego de Alvear y su hijo Carlos permanecieron un tiempo prisioneros en Inglaterra . Carlos completó su educación en Londres y después sentó plaza en la brigada de Carabineros Reales, cuerpo de distinción en la Península, en el año 1806. Con él, el joven Alvear se halló en varias acciones contra los franceses invasores, especialmente en las de Talavera de la Reina, Yébenes y Ciudad Real.



En su actuación peninsular, Alvear contrajo relación con muchos hombres que tendrían figuración en la lucha por la independencia de América, como Carrera, Vigodet, etc. En Cádiz trabó relación con el teniente coronel José de San Martín, que lo inició en los secretos de la Logia Lautaro y en 1811 se trasladó de aquella ciudad a la de Londres, donde conoció al ilustre venezolano Francisco Miranda, dirigente principal de los que aspiraban a la independencia de las colonias de América.

Puesto de acuerdo con Zapiola, Chilavert, San Martín, el barón de Holmberg, etc., se embarcó con ellos en la fragata inglesa «JORGE CANNING», con la cual arribaron a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812. Acompañaba también a Alvear, su joven esposa, doña Carmen Quintanilla, hermosa andaluza, con la cual había contraído enlace poco antes, en España.

Apenas desembarcados, aquellos patriotas se apresuraron a ofrecer sus servicios al gobierno revolucionario.Una de las primeras preocupaciones de los recien llegados fue el establecimiento de la Logia Lautaro en Buenos Aires, análoga a la de los Caballeros Reales establecida en Europa.

Aquella institución tuvo resultado decisivos en la marcha de los negocios políticos en el Río de la Plata. Por otra parte, el Gobierno confió a San Martín la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, cuerpo en el cual Alvear obtuvo el empleo de sargento mayor, con fecha 17 de marzo de 1812, grado muy superior al que poseía en España, donde solo había llegado a alférez de Carabineros, que equivalía a uno más elevado en los cuerpos comunes.

Contribuyó a la organización y disciplina de los Granaderos a Caballo. Intervino también en los asuntos políticos y se le señala como uno de los inspiradores del movimiento de 8 de octubre de 1812, que cambió los hombres del Primer Triunvirato, y que salvó los verdaderos principios de Mayo, encaminándolos por la senda que habían marcado sus dirigentes. Alvear fue elegido suplente de uno de los triunviros nombrados a raíz del mencionado movimiento. Poco después fue designado Presidente de la Sociedad Patriótica Literaria y el 15 de diciembre de 1812 era promovido a teniente coronel de Granaderos a Caballo. Es justicia recordar que Alvear renunció a sus sueldos en beneficio del Estado.

Triunfante la revolución de octubre, San Martín y Alvear dirigieron el partido triunfante, y con la ayuda de la Logia Lautaro, se propusieron organizar definitivamente al país, promoviendo la reunión de la Asamblea General Constituyente, que se verificó a comienzos de 1813 y la que debía dar la Constitución a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

En esta Asamblea, Alvear tuvo la representación de la provincia de Corrientes, y en ella fue elegido su primer Presidente. Fácil es deducir de este hecho, la preponderancia política que adquiría entonces, y la intervención personal que tuvo en los asuntos más resonantes de la época, sea en la reorganización de los poderes públicos y sanción de leyes fundamentales, sea en la dirección de las operaciones militares en la que fue factor de primera entidad. Es un caso excepcional el que presenta Alvear en aquellos momentos, pues apenas contaba 23 años cuando era la cabeza dirigente de los asuntos políticos de su Patria.

Pero esta preponderancia de Alvear en los negocios públicos, le apartó completamente de San Martín desde entonces; desunión a la que contribuyó poderosamente la diferencia de edad entre ambos y sobre todo, los conceptos totalmente distintos de San Martín con relación a Alvear, en los negocios públicos. El primero, con su victoria de San Lorenzo, acababa de probar a la Patria de que sus condiciones de soldado estaban a la altura de la fama adquirida en Europa. Alvear, por su parte, no se despreocupó de su carrera militar no obstante sus éxitos políticos y, el 4 de junio de 1813, se hacía nombrar coronel del Regimiento Nº 2 de Infantería.

Entretanto, Alvear pensó en alejar a San Martín de la Capital, y para ello sacó provecho de las derrotas sufridas por Belgrano en Vilcapugio y Ayohuma haciéndolo relevar por San Martín . Se dice que cuando éste partió para Tucumán a recibirse de aquel comando, Alvear le acompañó hasta las afueras de la ciudad, y al despedir al futuro Capitán de los Andes, aquel murmuró lo suficientemente fuerte para que le oyeran los de su séquito: «Ya cayó el hombre» .

Pero San Martín, verdadero genio, al llegar a Tucumán y realizar un estudio concienzudo de la situación militar, comprendió que aquel no era el camino para llegar a Lima, objetivo que debía proponerse un general de su talla, ya que la ciudad de los Virreyes era la base principal del poderío hispano en América .



Solo su posesión daría a los patriotas la independencia definitiva, pues los triunfos efímeros que pudieran lograr los ejércitos de la Revolución, podrían ser en breve transformados en derrotas por las fuerzas reales que se organizasen en el centro de recursos de los españoles, esto es, en Lima. La capacidad del general San Martín y su genio, lo desviaron de la senda tortuosa en que pretendió encaminarlo su éx-amigo Alvear, ya que si hubiese insistido en avanzar por el Alto Perú, el fracaso habría sido la muerte de aquel hombre extraordinario.

Pero «el hombre no cayó«. Lástima grande es tener que registrar este episodio, dado que lo revela no solo ambicioso en extremo, sino también antipatriota al general Alvear, ya que pretendió hacer fracasar al hombre arquetipo de la Nación, no siéndole desconocido a Alvear que San Martín se había destacado en la Madre Patria con brillo inusitado, no obstante ser americano de origen.

Por su nombramiento de coronel del Nº 2, Alvear renunció a su banca en la Asamblea, convirtiendo a aquel Regimiento en un modelo de organización . Poco después diósele la comandancia general de las tropas destinadas a la defensa de la Capital, con el título de general en jefe de dicho ejército . Incansable en su obra Alvear prestó entonces su decidido apoyo a Larrea, que el 5 de noviembre de 1813 reemplazó a uno de los triunviros, en su empresa de organizar una escuadra para destruir la realista y poder dominar las aguas del Plata.

Contribuyó en esta obra disciplinando las tropas de tierra que estaban destinadas para tripular las unidades navales y reprimió en una oportunidad una sublevación de los tripulantes del bergantín «NANCY», que se habían revelado por querer hacérseles prestar servicios en un medio ambiente al que no estaban acostumbrados.

Designado su tío, don Gervasio Antonio Posadas, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 31 de enero de 1814 prestó a Alvear el máximo apoyo para que prosiguiese la preparación de las fuerzas que alistaba para reforzar las fuerzas sitiadoras de Montevideo. Alvear había establecido su campo de instrucción en Olivos, y allí disciplinó cuerpos de nueva creación, formados con esclavos libertados.

En mayo de 1814 fue nombrado comandante en jefe de la línea de Montevideo en substitución del general Rondeau, marchando para aquel destino a la cabeza de 1500 hombres y haciéndose cargo de su puesto el mismo día que Brown derrotaba a la escuadra española en aguas de Montevideo. El ejército sitiador, con los refuerzos recibidos, subió a 5.000 hombres, fuerza muy poderosa que el general Vigodet no se atrevió a resistir y, en tal virtud, el 20 de junio abrió negociaciones con su enemigo capitulando con todas sus fuerzas el día 23, en que Alvear hizo su entrada triunfal en la ciudad. En premio a su triunfo, el día 25 de aquel mes era promovido a brigadier efectivo con retención del mando del Nº 2 .

La noche misma de la capitulación supo Alvear que el caudillo Fernando Otorgues, teniente de Artigas, se había aproximado a la plaza y había escrito a los jefes de la fuerza capitulada invitándolos a unirse a él, tomar la campaña y declarar la guerra a los porteños. Alvear salió inmediatamente en busca del rebelde con una división ligera y el 25 lo batía completamente en Las Piedras. Como consecuencia de esta derrota, Artigas reconoció el Directorio en un solemne tratado.

La capitulación dio inmenso material de guerra para los ejércitos de la Patria, y ella traía aparejada la rendición de Romarate en el Uruguay y la conclusión de la guerra en la parte oriental. El 7 de julio, Alvear presentaba al Director Posadas las 8 banderas realistas tomadas. La Asamblea declaró a todos «beneméritos de la Patria en grado heroico» y acordó escudos y medallas con el lema: «La Patria reconocida a los libertadores de Montevideo«.

El Director Posadas ordenó que Alvear repasara el Uruguay para batir a Artigas que se acababa de sublevar y la fortuna favoreció al joven general, que derrotó al caudillo rebelde en Mercedes, en el Yí, en Minas y en el Alférez, obligando a Artigas a retirarse a los potreros de Arerunguá. y a su segundo Otorgues, a refugiarse en territorio portugués. Esta campaña fue breve, pero erizada de obstáculos, que Alvear supo escalar con suma habilidad y tino, pues el enemigo que debió combatir conocía el territorio palmo a palmo y poseía mejores medios de movilidad.

Poco después el Director Posadas designaba al general Alvear para comandar el Ejército del Alto Perú, en substitución del general Rondeau. El nuevo general en jefe se puso en camino para ocupar su puesto, pero al llegar a Córdoba supo que el 8 de diciembre de 1814 se había producido en Jujuy una asonada encabezada por los jefes de los cuerpos adictos a Rondeau, los que destituyeron a los que eran partidarios de Alvear, separándolos de sus regimientos o batallones y despachándolos para Buenos Aires.

Ante esta noticia, Alvear no creyó prudente continuar su viaje y regresó a esta Capital, donde el 9 de enero de 1815 renunció Posadas el cargo de Director Supremo, siendo reemplazado por el propio general Alvear. Este, al ocupar tan alto puesto, lanzó una enérgica proclama en la cual expresaba estar decidido a sostener su autoridad o a perecer en la demanda.

Su administración fue breve, y enfrentado contra muchos enemigos, dedicó sus energías a disciplinar el ejército de la Capital, pues en el Ejército del Norte tan pronto se tuvo conocimiento de la elevación de Alvear al poder supremo, se declararon sus jefes en hostilidad contra su autoridad, firmando un manifiesto redactado en Huacalerá, el 30 de enero de 1815, el cual lleva la firma de todos los más graduados.

Ante esta situación por demás grave, Alvear tomó la resolución de dejar impagas aquellas tropas; desorganizó la «Logia Lautaro«, porque le resultaba incómoda para gobernar con libertad; estuvo en sus planes malograr los esfuerzos de San Martín para organizar el Ejército de los Andes y hasta resolvió despojarlo del mando enviando como gobernador intendente de Cuyo al coronel Gregorio Perdriel.

Pero al llegar este a Mendoza, el Cabildo de esta ciudad resolvió el 21 de febrero de 1815 oficiar al Directorio haciéndole saber que era deseo unánime que el general San Martín prosiguiera desempeñando las funciones de Gobernador Intendente, porque así se ha creído que «convenía a la seguridad del Estado, (decía la solicitud), y a la tranquilidad de este País, que se halla inmediatamente amenazado por  el conquistador de Chile» .

Alvear, por decreto del 9 de marzo, aceptó la continuación de San Martín en su cargo, y recalcando que el relevo lo había dispuesto por haberlo solicitado el interesado por razones de salud, lo que no expresaba la resolución del 8 de febrero ordenando su reemplazo por Perdriel. Coincidió este relevo de San Martín con la llegada de José Miguel Carrera a Buenos Aires, enemigo mortal de aquel, y con el cual Alvear habíase relacionado en la Guerra Peninsular, como queda dicho.

Pero el más grave de los actos del gobierno del último fue el haber redactado dos notas el 25 de enero de 1815. firmadas por él y escritas por su ministro Nicolás Herrera, que las refrendó, dirigidas: una, al Ministro de Negocios Extranjeros de la Gran Bretaña; y la otra, a Lord Strangford, ministro inglés residente en Río de Janeiro, solicitando en su carácter de Director Supremo de las Provincias Unidas el Protectorado Británico: «Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés, y estoy resuelto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que la aflijen».

Antes de este párrafo, Alvear hacía una tristísima pintura de la situación interior del país, declarando a las Provincias inhábiles «para gobernarse por sí mismas», y que necesitaban de una mano exterior que las dirigiese y contuviese en la esfera del orden, antes que se precipiten en los horrores de la anarquía».

La nota dirigida a Lord Strangford iba acompañada de otra, de Mr Roberto Staepler, cónsul inglés en Buenos Aires, recomendando a aquel que atendiera con preferencia el pedido del Director Alvear.

Don Manuel José García fue comisionado especialmente para que se trasladara a Río de Janeiro, con el fin de entregar las comunicaciones de referencia. Estas permanecieron ignoradas hasta 1842, en poder de don Bernardino Rivadavia, a quien las entregara el doctor García en la capital carioca, pues el futuro gran Presidente se hallaba allí y el comisionado de Alvear antes de cumplir la misión que le llevaba a aquella ciudad, quiso oír la opinión autorizada del eminente estadista. Rivadavia, en conocimiento del contenido de las notas, aconsejó a García no entregarlas, limitándose este a celebrar una conferencia con Lord Strangford, en curso de la cual manifestó al representante británico que las Provincias Unidas pasaban por una situación erizada de dificultades y que esperaban que Inglaterra generosamente las ayudaría a salir del paso, si las circunstancias las obligaran a acudir a ella.

Rivadavia, sospechando el contenido de la nota que le entregó García, tuvo la dignidad de mantenerla cerrada y lacrada hasta que en el año citado, 1842, revisando su archivo con el doctor Florencio Várela, éste la encontró, la abrió y se enteró de su contenido que comunicó al después general Mitre, al Dr. Cañé (padre) y al señor Madero, en el curso del año 1843 .

El 30 de marzo de 1815 el Director Alvear declaró delincuente al general Artigas que había desconocido su autoridad, obligando a las tropas argentinas a evacuar la ciudad de Montevideo.

Esta resistencia a su gobierno también la sentía Alvear en sus proximidades, y creyó que remediaría esto con medidas por demás enérgicas, y al efecto, el sábado Santo hizo colgar en la horca, en la plaza, al capitán Ubeda, acusado de haber hablado mal del Director Supremo en un café; y se escapó de sufrir la misma pena otro oficial llamado Trejo, debido a la interposición de la esposa del general Alvear, doña Carmen Quintanilla.

Todo anunciaba el próximo fin de su gobierno: José Artigas había atravesado el Paraná y se dirigía sobre Buenos Aires. El Director envió tropas a su encuentro bajo el mando de los coroneles Ignacio Alvarez Thomas y Eusebio Valdenegro, los cuales al llegar a Fontezuelas (estancia de los Belernos, jurisdicción de la provincia de Buenos Aires), se sublevaron el 3 de abril, desconociendo la autoridad de Alvear. Este motín repercutió en todos los cuerpos de la Capital, en los que el día 15 estalló el movimiento que derribó al Director Supremo, nombrando en su reemplazo al general Rondeau, e interinamente, mientras este permaneciera en el Norte, al coronel Alvarez Thomas.

La reacción fue terrible no solo salieron desterrados Alvear y todos los de su familia, sino también multitud de otros dignos patriotas. Alvear, cuando vio todo perdido se refugió a bordo de un buque inglés que lo condujo a Río de Janeiro, donde fue bien recibido por el monarca lusitano, no obstante que allí el general Vigodet, que se hallaba de paso, insistiese para que Alvear le fuese entregado.

Pobre y cargado de familia, Alvear de Río de Janeiro se dirigió a Montevideo cuando creyó que la situación personal suya había mejorado algo. El I9 de agosto de 1819 escribió unas «Observaciones sobre la defensa de la provincia de Buenos Aires, amenazada por una invasión española al mando de Morillo». Desgraciadamente para él, en Montevideo Alvear se encontró con José Miguel Carrera y con el general Miguel Brayer. Con el primero se alió para incorporarse a los caudillos federales Estanislao López y Francisco Ramírez, cuando estos se lanzaron sobre la provincia de Buenos Aires.

A Alvear seguíanlo una cantidad de jefes y oficiales de su partido con los cuales tomó parte en la batalla de Cepeda, el 19 de febrero de 1820, en la que fue vencido el Director Supremo Rondeau, que había reemplazado a Pueyrredón en el cargo. López y Ramírez se aproximaron a Buenos Aires, acompañados por Alvear y Carrera. En la noche del 25 de marzo se dio cita en la plaza del Retiro con los 43 jefes y oficiales que le eran adictos y a las 1 0 se presentaba en el cuartel de los Aguerridos, allí situado, estando ausente en aquellos momentos el jefe que era el coronel Rolón. El segundo de este, comandante Anacleto Martínez, sorprendido, se puso a las órdenes de Alvear con su tropa.

Alvear permaneció en esa situación todo el día 26, pero en la mañana del 27, considerándose perdido, emprendió la retirada, pretendiendo llevarse los Aguerridos los cuales no quisieron seguirle. Apoyó su escapada en aquella emergencia, la división chilena de Carrera, que coronó las barrancas del Retiro y se opuso entre Alvear y sus perseguidores.

El 28 de junio de 1820 se halló en la batalla de la Cañada de la Cruz, en la cual Alvear aliado a López, vencieron al gobernador de Buenos Aires, general Soler Como consecuencia de esta victoria, López convocó una Junta de Representantes en la villa de Lujan el 19 de julio, la cual nombró a Alvear gobernador y capitán general de la Provincia. Pero el Cabildo de Buenos Aires desconoció la autoridad de Alvear, y en la Capital, tomó las riendas del poder el coronel Dorrego, cuya actitud impuso a López desistir de la campaña contra Buenos Aires; pero ni Alvear ni Carrera desistieron. Dorrego palió a campaña.

El 28 de julio, Alvear y Carrera se unían en San Nicolás, mientras que Estanislao López repasaba el Arroyo del Medio y regresaba a su provincia. El 2 de agosto, Dorrego caía sigilosamente sobre el campamento de los dos caudillos en San Nicolás y les ocasionaba un tremendo desastre. Carrera y Alvear se refugiaron en Santa Fe, pero al último, con el pretexto de ser responsable del desastre de San Nicolás, Estanislao López lo obligó a embarcarse con destino a la Banda Oriental. Alvear llegó nuevamente a Montevideo.

La Ley de Olvido de 1822 le permitió regresar a Buenos Aires y acogerse a ia reforma militar el 2 de julio de aquel año, retirándose a la vida privada. El 19 de marzo de 1823 fue llamado por el Gobierno para defender su autoridad, atacada tumultuariamente aquella noche, y al día siguiente apareció un comunicado diciendo que el «general Alvear había servido en defensa de la oausa del gobierno con su persona y consejo» .

En septiembre de 1824 fue designado Ministro Plenipotenciario ante la República de Colombia, puesto que no alcanzó a ocupar. El general Alvear, acompañado de su secretario, el coronel Tomás de Iriarte, se trasladó hasta los Estados Unidos en misión diplomática ante el Presidente Monroe, el cual lo recibió en audiencia, en la Casa Blanca, en Washington, el 14 de octubre de 1824; y al día siguiente tuvo entrevistas en las cuales el ilustre estadista expuso a Alvear la famosa Doctrina: «América para los americanos» .

El representante argentino agradeció profundamente a Monroe sus interesantes confidencias y le pidió explicase sus puntos de vista con relación a los estados de la América del Sur y a los propósitos de la Santa Alianza de Europa, lo que el gran Presidente explicó con toda amplitud, conmoviendo hondamente al representante argentino y a su secretario, único testigo.

En mayo del año siguiente fue nombrado Ministro Plenipotenciario cerca del Libertador Bolívar. Alvear partió llevando de Secretario a don Domingo de Oro, acompañándolo el doctor José Miguel Díaz Vélez en su gestión diplomática. El 7 de octubre de 1825, Alvear y Díaz Vélez llegaban a Potosí y fueron recibidos solemnemente por el Libertador de Colombia, iniciándose las negociaciones para la devolución de Tarija a las Provincias Unidas, lo que se logró y de la cual tomó posesión el joven Ciríaco Díaz Vélez que acompañaba a Alvear como edecán, el 17 de noviembre.

Reanudadas las conferencias, Bolívar se excusó de tomar partido a favor de la Argentina, contra el Brasil y teniendo que trasladarse aquél a Chuquisaca, invitó a los huéspedes que le acompañaran, lo que fue aceptado. Allí se renovaron las conferencias, pero sin obtener ningún resultado. El 2 de enero de 1826 el Libertador despedía en audiencia pública a los enviados de Buenos Aires, que regresaban a la Patria.

El 14 de agosto de 1826, el ilustre presidente Rivadavia designaba al general Alvear (que era su Ministro de Guerra y Marina desde el 8 de febrero del mismo) para mandar en jefe el Ejército Republicano de operaciones contra el Brasil, cargo del cual se recibió aquel el 31 del mismo mes. Despúes de el primer momento impartió una actividad y estableció una disciplina, que  estuvieron en contraste con la de su antecesor. Reorganizado el Ejército, el 26 de diciembre abandonaba el campamento del Arroyo Grande, para abrir la campaña.

El mismo día del mes de enero entraba en el puerto de Bagé. El 13 de febrero, el coronel La valle obtenía un triunfo en Bacacay y el 13, el general Mansilla, en el Ombú. contra la brigada del Benito Manuel Ribeiro. Pero el grueso del ejército de Barbacena se había refugiado a principios de febrero en la sierra de Camacuá, ocupando una posición defensiva formidable .

En una Junta de Guerra que convoca el general Alvear en la tarde del 4 de febrero, expone a sus subordinados el plan de su marcha estratégica para obligar a abandonar su fuerte posición y poder presentarle batalla campal. La maniobra de Alvear tiene pleno éxito y el 20 de febrero obtuvo en los campos de Ituzaingó una victoria táctica decisiva sobre su enemigo, pero desgraciadamente, pretextando el cansancio de los caballos, resolvió no perseguir al enemigo derrotado, lo que impidió que se recogieran los frutos de la victoria.

Algunos de sus generales propusieron una persecución tenaz, pero Alvear se opuso a ella y esta negativa, llevó hasta el extremo de que algunos de sus subordinados pensasen en un movimiento que cambiase el comando republicano. Por suerte este acto no se realizó y Alvear continuó en el mando. El 23 de abril se obtenía un nuevo triunfo, en Camacuá, sobre los imperiales mandados por el general Barreto. El 25 de mayo de 1827 nombraba al general José María Paz, jefe del E. M. G.

Habiendo renunciado el Presidente Rivadavia a su elevado cargo, fue reemplazado interinamente por don Vicente López y Planes y casi enseguida, por el coronel Dorrego. Este cambio de gobierno decidió al general Alvear a abandonar el comando en jefe del Ejército, el cual desde que empezó la estación frígida, se retiró a cuarteles de invierno en el Cerro Largo. Alvear delegó interinamente el mando en el jefe del E. M. G., general José María Paz, a mediados de julio de 1827, recibiendo al efecto orden del Gobierno hasta tanto el general Juan Antonio Lavalleja, que Vicente López designó para comandante en jefe, se recibiese del mismo. El 24 de julio el general Alvear se alejó definitivamente de las fuerzas cuyo comando había ejercido por espacio de un año, conduciéndolas a la victoria.

Designado el coronel Manuel Dorrego, gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires el 13 de agosto de 1827, al constituirse la Legislatura el 14 de septiembre, presentó un mensaje (que se dice redactado por su Ministro del Interior, Dr. Manuel Moreno), el cual contenía numerosos cargos contra el desarrollo de las operaciones contra el Brasil.

El general Alvear contestó a aquel Mensaje, con su famosa «Exposición«, en la que refutaba muchísimas de las afirmaciones contenidas en el célebre documento. Tal Exposición es un libro de cerca de 200 páginas, y el ex-general en ella atacó a algunos de sus subordinados, los cuales no dejaron de contestar en algunos casos a las imputaciones que no siempre fueron justas.

Otros conflictos periodísticos se le presentaron al general Alvear, en premio a sus preocupaciones y responsabilidades en el comando del Ejército Republicano: Alvear acusó al editor del «Correo Político«, Miguel Rabeh’, ante los tribunales, pero como no pudo probar sus acusaciones, fue condenado a destierro y a ser privado de escribir por espacio de dos años. Sus partidarios militares eran perseguidos en todos los puntos de reunión en la ciudad, y sus defensores en la prensa eran atropellados y heridos en las calles. El propio general Alvear, al comienzo del año 1828 fue víctima de una tentativa de asesinato, tal era la saña que se tenía contra el vencedor en Jes campos de Ituzaingó.

No tuvo ninguna intervención en la revolución del 1« de diciembre de 1828 y elevado el general Lavalle a la suprema magistratura de la Provincia, el general Alvear fue designado Ministro de Guerra y Marina, el 4 de mayo de 1829, cargo que retuvo hasta el 4 de julio siguiente, en que renunció. El 10 de noviembre de 1832 fue designado enviado extraordinaria ante el gobierno de los Estados Unidos, pero no llegó a hacerse cargo de aquel puesto para el que fue nombrado más adelante don Manuel Moreno. Por decreto dictatorial de 17 de septiembre de 1835 fue dejado sin efecto el nombramiento de Alvear.

En mayo de 1838, el Dictador Rosas para alejarlo de la República, lo designó Ministro Plenipotenciario en los Estados Unidos de Norte América, Alvear partió para su destino en un buque en lastre, lo que se interpretó corrió un propósito adverso a lo que se proponía el gobierno dictatorial: afortunadamente llegó a Norte América con toda felicidad, país donde permaneció todo el tiempo de la tiranía rosista, desempeñando a satisfacción su misión diplomática, llegando, a ser en Washington el decano del Cuerpo diplomático acreditado ante aquel Gobierno.

En agosto de 1852 se hallaba en Nueva York sin haber sido relevado de sus funciones, cuando el Director Provisorio de la Confederación Argentina, general Urquiza, lo designó para representar la República ante el gobierno francés; pero el general Alvear no pudo hacerse cargo de su nuevo puesto a causa de sus años y de sus dolencias. Y en efecto, el 2 de noviembre de 1853 fallecía en la ciudad anteriormente nombrada, víctima de una pulmonía aguda.

Pocos meses después el almirante Guillermo Brown, no obstante sus 77 años, se embarcó para los Estados Unidos para ir en busca de los restos del ex-Mmistro de Guerra y Marina de la presidencia rivadaviana, que tanto calor y empuje puso al servicio del país en el ejercicio de aquel cargo para completar la creación de la escuadra que el veterano Almirante manejara con sin par habilidad en la guerra contra el Brasil: Brown pagaba así también, el descubrimiento de su persona hecho por el entonces coronel Carlos Alvear, cuando a comienzos de 1814, su tío, el Director Posadas le encargó trasladarse al puerto de esta ciudad para hallar un marino entre los buques mercantes allí fondeados, a quien se le pudiera confiar el mando de la escuadrilla con la cual pensaba disputarse el dominio de las aguas del Río de la Plata a las fuerzas navales españolas que se hallaban en Montevideo.

El coronel Alver tuvo ojo certero al elegir al entonces capitán mercante Guillermo Brown como el personaje necesario y, por este hallazgo, las generaciones argentinas deberán recordar con patriótico afecto la memoria del ilustre vencedor de Ituzaingó.

Los restos de Alvear llegaron a Buenos Aires en julio de 1854 . El insigne general José María Paz figuró en la Comisión que los recibió en el muelle; y el día 26 de aquel mes fueron depositados en el Cementerio de la Recoleta. El doctor Alsina saludó en el general Alvear al primer ciudadano que concibió el atrevido proyecto de derribar la dictadura rosista, aunque por una fatalidad no pudo tomar parte en la cruzada contra el mismo.

Si bien es cierto que el general Alvear cometió el error de no perseguir a los imperiales después de su espléndida victoria táctica en los campos de Ituzaingó, razón por la cual no obtuvo de la misma todos los frutos que debía producir, actitud que seguramente fue influenciada por algunos partes algo apresurados de varios de sus jefes subordinados señalando el cansancio extremo de las caballadas que de ellos dependían, un estudio profundo de aquella campaña, como la que ha realizado el autor de este trabajo con el fin de escribir la vida militar del general José María Paz que publicará con posterioridad a este Álbum Biográfico, permite afirmar que gracias a la extraordinaria energía que desplegó el general Alvear cuando recibió de manos del general Martín Rodríguez el comando supremo del ejército de operaciones, fue posible restablecer la disciplina y cortar de raíz la profunda anarquía que existía en un grupo de jefes, especialmente los orientales, la que amenazaba en forma grave el resultado de la campaña que iban a abrir las fuerzas republicanas.

Alvear reorganizó el ejército en forma altamente eficiente y dio enérgico impulso a las operaciones desde que estuvo en condiciones de iniciarlas, logrando batir a su adversario en todas partes y haciéndole evacuar, totalmente desmoralizado, la zona que ocupaba. El resultado favorable de aquella guerra se debe, sin discusión, a la habilidad de su eficiente comando.

El general Alvear fue hombre de un valor personal que rayaba en la intrepidez: en el 1er. tomo de la «Revista Nacional» , se lee un artículo titulado «Los palos de Alvear«, en el cual el autor del mismo relata el resultado de una pesada broma que le dieron tres personajes ingleses el domingo 5 de abril de 1812, recién llegado a Buenos Aires. Alvear se hallaba paseando sin armas por la calle de «Las Monjas», hoy San Martín, cuando tres morrudos británicos doblaron como torbellino la esquina próxima, lo atropellaron y lo voltearon, echando luego a reír y a celebrar el choque, cuando lo vieron en tierra.

Alvear con toda valentía les enrostró la grosería brutal, exigiéndoles una reparación inmediata. Los tres hercúleos ingleses siguiendo sus pifias iniciaron la retirada sin hacer caso a los desafíos de aquel que los seguía insistiendo en su demanda. Finalmente, los ingleses penetraron en la casa de doña María Luisa Ramos y Valle, donde tenían alquiladas dos piezas, y detrás de ellos Alvear, que renovó sus desafíos con igual resultado. Entonces llegaron dos ingleses más y poco después otros dos.

En vista del fracaso de su actitud, el joven militar fue a su casa, tomó su espada y regresó al domicilio de los británicos, propinándoles a los siete una tremenda paliza, no obstante que le arrojaban con todo lo que hallaban a su alcance. «Los siete «bravos, dice el autor, se rascaban y frotaban en el patio de la casa, hartos y repletos de golpes. Nunca se dieron mejores ni más merecidos palos!».

El 26 de julio de 1809, Alvear contrajo enlace en Cádiz con doña María del Carmen Sáenz de la Quintanilla y Camacho, nacido en Carmona, Sevilla, el 25 de octubre de 1793; hija de don Antonio Sáenz de la Quintanilla, natural del mismo lugar, coronel de los Reales Ejércitos, y de doña María Joaquina Camacho, nacida en el mismo punto. La viuda del general Alvear sobrevivió a éste hasta el 31 de marzo de 1867.

No obstante ser conocido generalmente con los nombres de Carlos María, Alvear fue bautizado con los de Carlos Gabino del Santo Ángel.

Fuente Consultada:
Biografías Argentinas y Sudamericanas – Jacinto Yaben – Editorial “Metropolis”

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