Planificación Economica en Latinoamerica Post Primera Guerra Mundial



Planificación Económica en Latinoamerica

La planificación en América Latina: También a nuestros países, sobre todo bajo el influjo de la revolución rusa y sus realizaciones, llegaron las ideas del socialismo y la planificación económica. Durante la Segunda Guerra Mundial y en seguida de finalizada la misma, por la distensión de los lazos de dependencia ocasionada por el enfrentamiento bélico entre las potencias imperialistas y sus dificultades en la posterior reconstrucción, las economías de los países latinoamericanos conocieron un cierto progreso, mas sin mayores modificaciones en la base de sus relaciones de producción.

Para esta época también comenzaron a ser ampliamente conocidos algunos postulados de la planificación económica y se dieron a conocer programas similares a los elaborados en las economías capitalistas avanzadas. Sin embargo, al mantenerse las bases del atraso y la dependencia, estos programas mostraron pronto su poca viabilidad práctica, al menos como instrumentos que permitieran el efectivo «despegue» de nuestras economías.

Recompuesto el sistema mundial capitalista y dada la endeblez del desarrollo de las economías de los países de América Latina, éstos volvieron más o menos rápidamente al radio de influencie del imperialismo, reconstituyéndose la dependencia fundamentalmente en base a una más activa participación del capital monopolista internacional en la industria abastecedora del mercado interno de los distintos países.

Al mismo tiempo, al incidir este proceso sobre la estructura del Estado de nuestros países, los programas de desarrollo y las inversiones e incentivos del Estado, que son lo principal de los mismos, se orientaron cada vez más a favorecer al proceso capitalista dependiente, en función de los intereses de las burguesías monopolistas y terratenientes nativas y de los monopolios internacionales.

Este proceso, iniciado en algunos países durante la crisis de los años treinta, se conoce como de sustitución de importaciones. Ya entonces, el liberalismo de tipo tradicional había sido abandonado por las clases dominantes nativas, recurriéndose a la protección de ciertas industrias por la imposibilidad de efectuar todas las importaciones que hasta entonces se habían realizado. La protección en igualdad de condiciones, dada la ventaja comparativa que tenían las empresas extranjeras en cuanto al conocimiento y disposición de las técnicas modernas, permitió a estas últimas «radicarse» con relativa facilidad, copando los mercados desde adentro y apoderándose de gran parte de los recursos internos.

El período de guerra y el inmediatamente posterior permitieron un cierto afianzamiento de los capitales internos, pero el mantenimiento de las bases de las estructuras de atraso y dependencia (fundamentalmente, el latifundio en el campo y el control monopolista en la industria) fue decisivo para mantener a nuestras economías en los carriles anteriores.

A medida que crecía el endeudamiento externo, que el desarrollo capitalista dependiente estimulaba, comenzó a hacerse cada vez más decisivo el estrangulamiento por falta de divisas y cada vez más los «planes» tuvieron que adaptarse a los requerimientos de los organismos financieros internacionales. Comenzó entonces a ponerse mayor énfasis en la estabilidad que en el desarrollo, tratando de mantener la renta terrateniente y las ganancias monopolistas a través del contenimiento de los salarios y el aumento de la productividad del trabajo.

La «planificación» se orientó en este sentido, asignándosele al estado el papel de determinar la política de ingresos, de apoyar, mediante créditos y exenciones impositivas a ciertas ramas de la industria, y de realizar las necesarias inversiones de infraestructura. Pero las difíciles condiciones económico-sociales que genera este proceso ni siquiera han permitido cumplir este papel a los respectivos estados.

Globalmente, podemos decir que la planificación en los distintos países latinoamericanos no escapa a las generales de la ley del conjunto de los países dependientes, aunque comparando a los de Asia y África, las condiciones de atraso no parezcan tan catastróficas. En general, en los países de Latinoamérica, al igual que en los demás países dependientes, se mantienen las bases de las relaciones de atraso y dependencia que hacen imposible que la programación de tipo capitalista pueda mostrar aún resultados medianamente satisfactorios. Porque ésta tiene lugar sobre esas bases que implican un gran retraso en la agricultura y en la industria y un permanente drenaje de recursos al exterior, que aumenta su endeudamiento y su inestabilidad económico-financiera.

Esto se refleja en la incapacidad del estado burgués-terrateniente de nuestros países para poder llevar adelante las inversiones «programadas» así como en el aumento de su endeudamiento interno y externo. Actualmente, la única excepción a esta regla en Latinoamérica, la constituye Cuba, cuyo pueblo luego de destruir el poder de su estado burgués-terrateniente y reemplazarlo por uno de carácter revolucionario, expropió a los terratenientes y grandes empresas monopolistas y comenzó la construcción del socialismo, utilizando la planificación como instrumento rector de la actividad económica.



La transformación de las relaciones de producción preexistente, semejante a la producida en los demás países que comenzaron la edificación socialista, liberó las fuerzas productivas internas, permitiendo su avance a través de las-iniciativas y la participación de grandes masas, lo que ha asegurado un desarrollo también exitoso de la planificación.

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Fuente Consultada: Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo tomo N° Las Economías Planificadas

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