Planificacion Economica Sovietica Planes Quinquenales en Rusia



Planificación Económica Soviética Planes Quinquenales en Rusia

INTRODUCCIÓN: Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, y con mayor énfasis en los últimos años, la idea e incluso la práctica de la planificación económica se esparció hasta los lugares más remotos del planeta. Si bien no existe uniformidad en cuanto a lo que ella significa y a sus implicancias y alcances, todo el mundo acepta hoy en día la necesidad de algún tipo de planificación en materia económica.

La aceptación de la planificación económica significa un cambio fundamentad respecto a la idea que se tiene acerca del funcionamiento de las leyes económicas. Recurrir a ella implica dudar del buen funcionamiento de dichas leyes y de que se puedan obtener a través de ellas ciertos objetivos humanos trascendentes. Es, también, reconocer que se trata de leyes sociales, no naturales, y por tanto modificables por la acción social concertada.

Es decir, aceptar que la actividad económica, como actividad humano-social orientada hacia determinados fines, pueda perder su carácter azaroso o aleatorio y permitir una adecuación conciente de los medios o recursos físicos y humanos, de sus relaciones internas y de sus interrelaciones, en función de determinados fines sociales.

Lo que implica una transformación radical de las relaciones entre tos hombres con el objeto de la producción, así como también de las relaciones jurídico-políticas en que se sustentan, para adecuar los medios a los fines sociales, o sea, para hacer efectiva la acción conciente de los hombres sobre el funcionamiento de la economía.

PLANES QUINQUENALES RUSOS ANTES DE LA GUERRA MUNDIAL

cuadro de planes quinquenales rusos

LA PLANIFICACIÓN: La posibilidad de la planificación económica, como producto de una acción social concertada que regule de manera conciente el funcionamiento de la economía en una sociedad determinada, se basa en el extraordinario desarrollo del conocimiento humano en su actividad productiva, es decir, en las grandes conquistas científico-técnicas de nuestra época. Su necesidad surge del hecho de que el aprovechamiento de semejante potencial técnico y humano sólo es posible a escalas gigantescas y en función de las necesidades de grandes conjuntos sociales. Lo que implica, para su utilización racional, la necesidad de que las decisiones económicas sean tomadas por el conjunto ‘de la sociedad organizada, con objetivos también definidos a dicho nivel.

Entonces, el importante grado de desarrollo de las fuerzas sociales productivas, o sea, la capacidad social para manejar la naturaleza y extraer de ella todos los frutos posibles (capacidad que es producto del conocimiento social acumulado por la humanidad en su desarrollo y que encuentra su mejor expresión en el extraordinario avance de los instrumentos de trabajo) requiere el ordenamiento de las relaciones sociales de producción, de la cooperación y división del trabajo, permitiendo así su utilización plena y, en consecuencia, su avance.

Este ordenamiento solo puede darse a nivel de la sociedad en su conjunto, con la participación consciente y concertada de todos sus miembros. Y aquí es donde la planificación económica, definida como decimos arriba, entra a jugar su papel.

Para que la planificación económica pueda ser tal, o sea, para que lo programado por la sociedad en su conjunto pueda cumplirse en realidad, debe tener ésta capacidad de decisión en lo que respecta a la utilización de la naturaleza y el desarrollo científico-técnico acumulado. Lo que implica que el dominio de lo fundamental de la tierra y de los medios de producción pertenezca al conjunto de la sociedad, y que ésta pueda ejercer efectivamente dicho dominio.



Stalin

Stalin , líder ruso post guerra mundial

Planificación y marxismo
Originariamente, las ideas de la planificación económica se relacionan con el pensamiento marxista. El análisis de Carlos Marx sobre la economía capitalista muestra la contradicción creciente entre el carácter progresivamente social de la producción y el carácter privado de la propiedad de la tierra y de los medios de producción, lo que determina el carácter privado de las decisiones económicas y de la apropiación del producto social.

De la profundización de esta contradicción inherente-al sistema capitalista surge la necesidad y la posibilidad de una nueva sociedad en la que al carácter progresivamente social de la producción se corresponda el carácter social de la propiedad de lo fundamental de la tierra y de los medios de producción. Lo que permite la toma colectiva de las decisiones económicas y la apropiación
colectiva del producto social.

Esta sería la característica fundamental de la llamada sociedad comunista, la que, según Marx y sus continuadores, reconoce un primer estadio donde los sectores explotados y oprimidos por el capitalismo ejercen su dictadura, utilizando una forma particular de Estado (el llamado estado de la dictadura del proletariado, que tiene su primer antecedente en la Comuna de París, en 1871). A través del manejo de dicho estado, el proletariado orientaría el desarrollo de la sociedad hacia el comunismo, que implica la supresión de todas las clases y por consiguiente del propio estado como órgano de poder y coacción. A ese primer estadio o sociedad de transición, se lo llama socialismo.

La organización económica de la nueva sociedad en cuyo período de transición irán desapareciendo las leyes que rigen el funcionamiento de la economía capitalista (las llamadas leyes de mercado que reconocen como motor fundamental la búsqueda de máximo beneficio por cada una de las empresas capitalistas), encuentra en la planificación el instrumento principal que determina su funcionamiento, en cuanto lo fundamental de la tierra y de los medios de producción pasan a ser propiedad del conjunto de la sociedad y las decisiones económicas deben ser tomadas por la misma.

La expropiación de los terratenientes y de los grandes capitalistas es el primer acto de la revolución social que postula el marxismo, así como la creación de un fuerte sector estatal en las industrias claves para el progreso económico, que sean base para el desarrollo de la planificación. El ejercicio del poder estatal por las clases explotadas y oprimidas por el capitalismo es requisito para que dicho sector estatal y la propia planificación económica se orienten hacia el objetivo fundamental de la humanidad: el reino de la libertad. Derrotada la Comuna de París, como forma particular de estado de la dictadura del proletariado y sus aliados, que hubiera permitido concretar el tránsito de la sociedad francesa hacia formas superiores de organización social, las formulaciones del marxismo respecto a las mismas siguieron circunscriptas al campo teórico.

Recién en 1917, con el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, se instaura el primer estado de la dictadura de las clases oprimidas por el capitalismo, dirigido por el proletariado. El nuevo poder, basado en consejos (soviets) de obreros, campesinos y soldados, constituye un gobierno integrado mayoritariamente por miembros de la que hasta hacía poco se conocía como fracción bolchevique de la social-democracia rusa, y que se conformaría como Partido Comunista Ruso, bajo la dirección de Lenin.

Los bolcheviques, que asumieron poco después íntegramente el gobierno, concertaron una paz precaria con Alemania; procuraron entonces orientar el proceso interno hacia la construcción de la sociedad sin clases de acuerdo a la concepción marxista, afrontando la guerra civil y la agresión de las potencias imperialistas, que centraron todos sus esfuerzos en tratar de restaurar un gobierno burgués en Rusia.

La planificación en Rusia: los planes quinquenales
Recién 10 años después del triunfo de la revolución bolchevique, la sociedad rusa pone en marcha un sistema de planificación que abarca al conjunto de la economía nacional. Anteriormente, y a partir de la nacionalización de los resortes fundamentales de la economía, el Estado se encargó solamente del desarrollo de algunas industrias modernas y de la expansión de ciertos sectores (como electricidad y comunicaciones) imprescindibles incluso para la reconstitución de la economía a los niveles de preguerra. Pero es recién en 1928 cuando se pone en marcha el Primer Plan Quinquenal, con metas sumamente ambiciosas en cuanto al desarrollo industrial y al avance de la producción agraria.

En 1926-27 culminó el período de reconstrucción, restaurándose la producción a los niveles de preguerra. Se puso entonces en el orden del día de la política económica soviética el problema de la ampliación del equipo de capital de la industria por nueva construcción. En diciembre de 1925, el XIV Congreso del Partido había resuelto la industrialización del país, incluyendo el desarrollo independiente de la industria pesada como base de dicha futura construcción.

A fines del año siguiente, la XV Conferencia del Partido amplió esa resolución, estableciendo que el mayor esfuerzo inmediato se dirigiría hacia la ampliación de los medios de producción y «la reconstrucción de toda la economía sobre las bases técnicas más elevadas». A principios de 1926, año de las primeras «cifras de control» en la economía soviética, el Gosplan (la Comisión Estatal de Planificación) había sido encargado de preparar el Primer Plan Quinquenal. Se eligió el período de 5 años para la duración del Plan, teniendo en cuenta que ese era el tiempo necesario, en las condiciones de la Rusia de entonces, para sentar las bases de la construcción de la industria moderna, lo que permitiría realizar más adelante los proyectos más ambiciosos.



Algún intento se hizo por proyectar por un período más largo, pero esto quedó descartado dada su carencia de valor práctico en las condiciones en que trabajaban los planificadores soviéticos. El primer borrador, cubriendo el período 1926-30, fue sometido a discusión en los congresos de trabajadores de planificación realizados en distintas partes del país en marzo de 1926. En marzo del año siguiente un nuevo borrador, producto de la revisión del anterior, fue sometido a discusión en un segundo congreso de dichos trabajadores. Durante ese año y el siguiente, el proyecto fue materia de animadas discusiones por todo el país y, después de sucesivas modificaciones y reelaboraciones, emergió finalmente el Primer Plan Quinquenal en su forma definitiva, cubriendo el período 1928-32.

Las dificultades en la aplicación del Primer Plan fueron muy grandes y nevaría páginas el relatarlas. Este plan, concebido como un esqueleto a ser rellenado con tos programas sectoriales, no contó con una acción ajustada de los diferentes cuerpos económicos, lo que hubiera sido necesario para una mayor precisión cuantitativa y un mayor equilibrio entre las necesidades de las distintas ramas de la economía.

Asimismo, y aunque la alta tasa de inversión prevista no implicaba una reducción del consumo (al contrario, se preveía un crecimiento del mismo en un 75 % en términos reales), la caída en los precios agrícolas en el mercado internacional ocasionada por la crisis de 1929 (lo que implicó la necesidad de exportar mayores volúmenes para poder importar lo planeado ya que la única forma de adquisición de equipos modernos que tenía entonces Rusia era a través de la venta de cereales) y la matanza de ganado vacuno ocasionada al forzarse la colectivización del agro (concebida como forma de aumentar rápidamente la oferta de cereales e impedir el boicot de los campesinos ricos —kulaks—), trajo serios problemas de abastecimiento, sobre todo en carne y productos lácteos.

La invasión del Japón a Manchuria y el conocimiento de sus planes de expansión por el Este, hicieron necesario el mantenimiento de los planes de industrialización acelerada a pesar de las dificultades en el consumo de la población e incluso forzaron el cumplimiento de los objetivos de la industria pesada antes del tiempo previsto: «el plan quinquenal en cuatro años» fue el slogan del momento, superándose ampliamente los objetivos en este campo en desmedro de los objetivos de las industrias de bienes de consumo.

En la elaboración del Segundo Plan Quinquenal, que cubre el período 1932-37, pudieron ser aprovechadas las experiencias concretas del Primer Plan, corrigiendo sus errores y mejorando sus previsiones. Se puso mayor atención en el mejoramiento cualitativo del trabajo de las granjas colectivas y de las nuevas plantas e industrias puestas recientemente en funcionamiento, estableciéndose objetivos más modestos que en el Primer Plan en lo que se refiere al aumento de la productividad del trabajo y a la reducción de los costos.

Se mantuvieron como prioritarios la alta tasa de inversión y el énfasis en la industria pesada, aunque se previo la disminución de la participación de las inversiones en el total del producto (de 24 % en el último año del Primer Plan, a 19,5 % al final del Segundo). También el monto de inversiones dedicado a la industria de bienes de consumo fue incrementando, proporcionalmente, mucho más que el dedicado a las industrias de bienes de producción. El éxito previo en la construcción de la industria de máquinas-herramientas, permitía ahora abastecer de equipos a la industria liviana. Una vez superadas las dificultades del año 1932, el avance del Segundo Plan fue mucho más apacible que el del Primero.

Las dificultades especiales y los errores que habían caracterizado al anterior, y que habían hecho de los tres primeros años de la década un período de constreñimiento y sacrificio, quedaban ahora atrás. En particular, el abastecimiento de alimentos a las ciudades, que había sido el principal cuello de botella y puesto en peligro el cumplimiento de todo el plan, dejó de ser causa de ansiedad. La batalla de la colectivización agraria había sido ganada, y el énfasis se dirigía ahora a la consolidación y mejoramiento del sistema. Para 1935, el abastecimiento de alimentos a las ciudades había mejorado de tal forma que el racionamiento pudo ser levantado.

Sin embargo, los nubarrones de guerra volvieron a oscurecer el horizonte. El entronizamiento de Hitler en Alemania después de 1933 significó una amenaza muy inmediata. Nuevamente, algunos objetivos de las industrias de bienes de consumo, al igual que algunos proyectos de desarrollo ferroviario, especialmente los de electrificación de las líneas suburbanas, tuvieron que ser sacrificados para trasladar recursos a las industrias de armamentos. Asimismo, se tuvo que dar a la industria pesada un énfasis mayor que el previsto.

En la preparación, y más aún en la ejecución, del Tercer Plan Quinquenal lo dominante fue el peligro de guerra. Se inició en 1938, el «año de Munich», y dos años antes de su finalización se produjo la invasión sin aviso de Hitler. El mayor énfasis del Plan fue puesto en la defensa: mejoramiento de los transportes, metales no ferrosos y aceros especiales e industria química.

Performance de la URSS
No obstante las dificultades propias de un proceso del industrialización acelerada en un país sumamente atrasado y prácticamente cercado por un sistema enemigo, el mismo dio muestras de una gran vitalidad. La clase obrera y el pueblo ruso hicieron verdaderos milagros: primero, la reconstrucción de una economía devastada por la Primera Guerra Mundial, la guerra civil posterior y la agresión externa; y luego, a partir de 1926-27, una vez que la economía fue reconstituida y estuvo ya en pleno funcionamiento, la construcción a pasos gigantescos de una economía industrial moderna.



Una idea de Ja magnitud de los logres obtenidos, nos la da el hecho de que, en diez años (1928-39), la renta nacional fue cuadriplicada, poniéndose a la altura, en relación a su desarrollo industrial, con la de los gigantes de Europa. Mientras la economía capitalista se hallaba envuelta en la crisis de los años treinta, crisis no resuelta y cuyas contradicciones llevarían a una segunda conflagración mundial, la acción colectiva de la población soviética, con metas y actividades planificadas en función de las mismas, permitía el avance sostenido de la economía socialista en una sexta parte del planeta. La Segunda Guerra Mundial, desde la invasión alemana a partir de 1941, convirtió gran parte de su territorio en escenario de la lucha; destruiría así muchas de las conquistas logradas en el período precedente.

A pesar de esto, cinco años después de finalizada la guerra, en 1950, la economía soviética no sólo se había reconstruido sino que además, su producción industrial prácticamente se había duplicado en relación a 1940, sobrepasando a todos los
gigantes industriales de Europa y quedando segunda, después de Estados Unidos.

Resulta interesante comparar los logros de la Unión Soviética en relación con Estados Unidos, ya que éste es el país capitalista más avanzado. Después de la crisis de comienzo de los años treinta, y a pesar de las aspirinas keynesianas (la política del New Deal), la economía norteamericana apenas había recuperado el nivel de 1929; conoce una gran expansión en el quinquenio siguiente (1939-44), como consecuencia de la organización de la economía con métodos de economía de guerra, sin sufrir directamente las devastaciones del conflicto bélico.

Es así que mientras la tasa de crecimiento del producto industrial en el período 1929-39 había sido del 0,0 % anual (es decir, que el nivel de producción industrial en 1939, apenas llegó a ser igual al alcanzado en 1929), en el período 1939-44 alcanzó un 16,6 % anual. Con posterioridad, liberalizada en gran medida la economía, aunque con una importante industria de guerra fomentada desde el Estado y un gran mercado en el exterior, sobre todo por las necesidades de la reconstrucción europea, la industria norteamericana siguió creciendo en el período 1946-57 a una tasa promedio del 4,3 % anual.

elogios importantes para la mujer

Comparativamente, la Unión Soviética había aumentado su producción industrial eh la década de los años treinta más de 6 veces (con índice 100 en 1928, había pasado a 646 en 1940). Después de la caída sufrida durante (a guerra, por la devastación a que fue sometida al ser escenario del conflicto, duplica prácticamente el nivel de 1940 en 1950, volviendo a duplicar este último para 1955.

En total, en todo el período que va desde 1928 a 1955, incluyendo las variaciones de Ja guerra, la tasa de crecimiento anual promedio de la producción industrial fue de 9,8 %. Para el mismo período, la tasa de crecimiento promedio anual de la industria en los Estados Unidos fue del 2,9 %.

PARA SABER MAS….
LOS PLANES QUINQUENALES Y LA CRUELDAD DEL RÉGIMEN DE STALIN:
LOS PROCESOS Y LA LIQUIDACIÓN DE LOS «VIEJOS BOLCHEVIQUES»
El caso figura entre los más misteriosos, y Krutchev, en su célebre informe, hace alusión a él. Todos los jefes de la policía que intervinieron en la instrucción y en las investigaciones, no tardaron en desaparecer.

¿Estaba Stalin al corriente del plan? ¿Permitió que se llevara a cabo, con el fin de tener un pretexto para una represión en masa? Sin embargo, la situación general iba mejorando, pero, de todos modos, se desencadenó el terror: en Leningrado, millares de «asesinos de Kirov» fueron deportados, por trenes enteros.

Zinoviev y Kamenev, acusados de complicidad, fueron condenados a trabajos forzados, después de haber sido obligados a admitir una «responsabilidad moral». Zdanov fue encargado de tener a raya a Leningrado, la ciudad anticonformista que siempre había estado más abierta a Occidente. Por otra parte, el Congreso de los Soviets decidía, en 1935, preparar la «Constitución más democrática del mundo». Antiguos oposicionistas, como Bujarin y Radek, tomaron parte en él. Después de la alarma, el régimen parecía suavizarse de nuevo. Ante el peligro hitleriano, Stalin se había acercado a Occidente con el pacto franco-soviético.

El Ejército Rojo se reorganizó con los antiguos cuadros y la vieja disciplina. El segundo plan quinquenal prestaba especial atención a la elevación del nivel de vida, «a una vida mejor y más alegre». El movimiento de los trabajadores selectos, los stajanovistas, desarrollaba la mística de la producción. En 1936, se desencadenó una nueva oleada de terror, a continuación de los célebres procesos de Moscú, dirigidos por el fiscal Vichinsky.

En agosto de 1936, los «dieciséis», entre ellos Zinoviev, Kamenev y Smirnov. En enero de 1937, los «diecisiete»: Piatakov, Radek, etcétera. En junio de 1937, el mariscal Tujachevski y los grandes generales soviéticos. En 1938, los «veintiuno», entre ellos Rykov, Bujarin, Rakovsky y Yagoda, antiguo jefe de la G. P. U.

Las acusaciones eran fantásticas: traición, espionaje, sabotaje, asesinato de dirigentes, complicidad con Hitler, colaboración con los servicios secretos ingleses y japoneses. Todos los acusados confesaban —a veces, no sin ciertas tímidas reticencias—, y Vichinsky terminaba sus requesitorias, jalonadas de las más siniestras injurias, con esta frase: «Matad a esos perros rabiosos».

Hoy se sabe por qué procedimientos fueron arrancadas aquellas confesiones, pero muchos detalles siguen ignorados. El terror culminó en 1938, con Ye-jov, que fue suprimido, poco después, y reemplazado por Beria.

El terror no se detuvo en los jefes —casi todos fusilados—, sino que se propagó, en cadena, a todos los escalones del ejército, del partido y de la administración. Por millones se cuentan las ejecuciones y las deportaciones, y no fueron respetados ni los comunistas extranjeros. Hoy, sólo los dirigentes del ejército han sido oficialmente rehabilitados, con un cierto número de responsables políticos. Pero la historia carece aún de muchos documentos esenciales, para que el problema quede verdaderamente aclarado.

LA URSS EN VÍSPERAS DE LA GUERRA
Mientras la Yejovchina acababa de liquidar a la vieja guardia bolchevique y aterrorizaba a una buena parte de los rusos (raraseran las familias que no habían sido alcanzadas, de cerca o de lejos), el segundo plan quinquenal consolidaba el poder económico del país, a pesar de un enorme desconcierto (ingenieros y técnicos detenidos o deportados, funcionarios amedrentados que trataban de respetar las «normas» del plan a toda costa, más preocupados por la cantidad que por la calidad).

En diez años, la URSS había cubierto la primera etapa de su revolución industrial. Hablando de la revolución industrial inglesa, Marx dijo que se había hecho «en la sangre y en el barro», a causa de la explotación obrera, de la miseria, del alcoholismo, etc. Stalin aceleró aquella revolución «en la sangre y en el barro», y la industria pesada, realizada apresuradamente, permitió a la URSS salvarse del desastre en 1941-1942 y recobrarse, de una manera muy espectacular, en los años que siguierona la guerra. No podemos discutir aquí si no se habrían conseguido mejores resultados con métodos menos crueles, o si, de acuerdo con todo su pasado, la URSS estaba condenada a formas de tiranía asiática.

El escritor soviético Ilya Ehrenburg cuenta que Stalin, discutiendo con el director Eisens-tein, que preparaba su filme «Iván el Terrible», le dijo, a propósito de Pedro el Grande, el modernizador de Rusia: «Pedrito (Petruchka) no hizo caer bastantes cabezas». No es éste, ciertamente, un reproche que se le pueda hacer a Stalin.

Lo más extraño es que el ejército soportara aquellas «purgas», en las que perecieron las tres cuartas partes de sus Estados Mayores (en 1941, en el momento del fulgurante avance alemán, se sacó de los campos de concentración a generales como Rokossovsky), y que los cuadros dirigentes las soportasen, física y moralmente, cuando, según la propia confesión de Krutchev, el 70 por 100 de los delegados al «Congreso de los Vencedores» (como se había llamado al Congreso del Partido Comunista de 1934) había sido víctima de una insensata y ciega represión.

Por otra parte, ocultando los asesinatos y los sufrimientos, una fachada, a veces real (las fábricas, las presas, las ciudades nuevas, la mecanización de la agricultura, etc., y a veces falsa (las «libertades democráticas totales» de la Constitución de 1936), ofrecía al mundo una brillante imagen de la URSS, y convencía a millones de hombres, sometidos a una intensa propaganda, de que el comunismo soviético había logrado construir una sociedad admirable, en la que el individuo («El hombre es nuestro capital más precioso», había dicho Stalin) crecía en la libertad y en la abundancia.

Bibliografía Consultada: Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo tomo N° Las Economías Planificadas

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