Enfrentamiento Papa y el Emperador Resumen y las Reformas Gregorio



Enfrentamiento del Papa y el Emperador en la Edad Media 

Después de los otones, el Imperio Romano Germánico fue un terreno de disputas entre el emperador y los señores feudales. Como Otón III no dejó herederos, el trono fue ocupado por el duque de Baviera, Enrique II, inaugurando una nueva casa gobernante: la de Franconia.

Uno de los emperadores más poderosos fue Enrique IV, quien durante su reinado mantuvo una grave controversia con el Papa Gregorio VII El enfrentamiento se originó cuando el pontífice prohibió a los obispos que recibieran su investidura del monarca, a quien no le interesaba considerar la vocación religiosa del candidato. «Solo el Papa puede investir a obispos y abades«, dijo Gregorio VII Enrique depuso al Papa y este lo excomulgó.

La disputa generó una guerra civil en el Imperio que recién finalizó cuando el emperador se humilló ante el Santo Padre -año 1077- y pidió su perdón, que le fue concedido. Una nueva pelea entre el Papa y el emperador terminó con el triunfo de este último (1085).

Pese a la victoria imperial sobre el papado, la llegada al trono de Enrique V restableció la supremacía de Roma en 1122. Mientras tanto en España, los reinos cristianos comenzaron un lento avance sobre los musulmanes que ocupaban casi toda la península. La «reconquista» tomó un carácter religioso a partir del siglo XI (el de Las Cruzadas).

En Aragón, Alfonso I conquistó Zaragoza (1108); Alfonso VII de Castilla se adueñó de Almería en el 1139; y Ramón Berenguer IV de Cataluña tomó Lérida y Tortosa en 1149.

concordato de worms

HISTORIA: En 1073 llegó a  Papa como Gregorio VII y de inmediato Convocó un Concilio que aprobó estas famosas reformas: bajo pena de excomunión se prohibió a los civiles entrometerse en los asuntos internos de la Iglesia y Conceder cargos eclesiásticos. Igualmente se penaba a los clérigos que los aceptaban o que vivían casados.

Estas pretensiones papales llevarán a un enfrentamiento con el emperador alemán en la llamada Disputa o Querella de las Investiduras, que en el fondo no es más que un enfrentamiento entre el poder civil y el eclesiástico sobre la cuestión de a quién compete el dominio del clero.

Ocupaba el trono imperial Enrique IV, príncipe prepotente y ambicioso, poco dispuesto a perder sus privilegios. En un principio desconoció las órdenes pontificias y siguió confiriendo dignidades eclesiásticas como si nada hubiera pasado. El Papa Gregorio le envió amistosos avisos y luego protestas más enérgicas. Finalmente, se vio en la necesidad de excomulgarlo, y —cosa nunca vista— lo destituyó de emperador.

Con motivo de la publicación de la bula de excomunión contra el emperador, la nobleza opositora logró convocar en Tribur la Dieta imperial con la manifiesta intención de deponer al monarca, aprovechando además que los rebeldes sajones estaban de nuevo en pie de guerra. Enrique IV se vio en situación comprometida. Ante el peligro de que el papa aprovechara esta reunión para imponer sus exigencias y amenazado además de deposición por los príncipes si no era absuelto de la excomunión, Enrique IV decide ir al encuentro del papa y obtener de él la absolución.

Como se observa, el resultado fue tremendo: los príncipes alemanes se reunieron en Tribur y apoyaron al Papa desligándose del soberano.



Entonces Enrique, viéndose perdido, se dirigió a Canosa, en el norte de Italia, en donde se encontraba el Papa, para pedirle el levantamiento del castigo. Gregorio, luego de tres días de espera, le concedió el perdón y lo restituyó en el trono. Su triunfo había sido completo.

Con todo, la lucha aun prosiguió unos años hasta que con el «Concordato de Worms” se llegó a un acuerdo: el Papa y el Emperador reconocían su mutua independencia en sus respectivas esferas. Este conflicto también se conoce como la Querella de las Investiduras.

LA REFORMA GREGORIANA: En el siglo XI un dinámico grupo de cardenales y papas presionó para que se diera la «liberación de la iglesia». Esto vino a significar no sólo el control papal de los asuntos eclesiásticos, sino la eliminación de la investidura laica.

Los reformadores consideraron este último asunto como la cuestión primordial en el corazón del control laico de la iglesia.

Tratando de eliminarlo, los papas reformadores —sobre todo Gregorio VII— ampliaron los reclamos papales para que se incluyera el derecho de supervisar a las autoridades seculares y, en particular, poder derrocar a los gobernantes bajo ciertas circunstancias.

La siguiente selección está tomada de un documento que ingresó en el registro papal en e año 1075. Consistía de veintisiete afirmaciones que tai vez servían como encabezados, o como índice, a una colección de escritos eclesiásticos que apoyaban los reclamos del papa.

Los dictados del papa
1. Que la iglesia romana fue fundada únicamente por Dios.
2. Que únicamente el pontífice romano puede llamarse, con todo derecho, universal.
3. Que sólo él puede deponer o nombrar obispos.
4. Que en un concilio el enviado papal, aunque fuese de menor grado, su jerarquía está por encima de todos los obispos, y pueda aprobar una sentencia de destitución en contra de ellos.
5. Que el papa puede destituir al ausente.
6. Que, entre otras cosas, no debemos permanecer en una misma casa con las personas excomulgadas por él…
8. Que sólo él puede utilizar la insignia imperial.
9. Que únicamente besen los pies al papa todos los príncipes.
10. Que sólo su nombre se pronuncie en las iglesias.
11. Que éste es el único nombre en el mundo.
12. Que se le permita destituir a emperadores.
13. Que se le permita transferir obispos, en caso de ser necesario…
17. Que ningún capítulo o libro se considere canónico sin su autoridad.
18. Que un decreto aprobado por él nadie pueda revocarlo; y que sólo él mismo, entre todos, pueda revocarlo.
19. Que nadie pueda juzgarlo.
20. Que nadie se atreva a condenar al que recurre a la silla apostólica.
21. Que se remitan a ellos los casos más importantes de cada iglesia.
22. Que la iglesia romana nunca ha errado; ni se equivocará por toda la eternidad, teniendo las Escrituras como testigo.
23. Que el pontífice romano, si ha sido ordenado canónicamente, sin lugar a dudas se convierte en santo gracias a los méritos de San Pedro…
25. Que pueda destituir y rehabilitar obispos sin necesidad de convocar a un sínodo.
26. Que aquel que no esté en paz con la iglesia romana no sea considerado católico.
27. Que pueda liberar de su lealtad a aquellos que son súbditos de hombres perversos.

Fuente Consultada: Civilizaciones de Occidente Tomo I Jackson Spielvogel

Poder la la Iglesia y Ambición de los Papas

 



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