Biografia Alexander Humboldt Naturalista Obra Cientifica y Estudios



Biografia Alexander Humboldt Naturalista y Explorador
Obra Científica y Estudios

En julio de 1799, comienza en el puerto español de La Coruña un viaje científico a América del Sur. Atraído por las noticias de las riquezas naturales del continente, un sabio alemán, que ya había estudiado a fondo la geografía de España, se dispone a explorar el subcontinente.

Alexander von Humboldt, nacido en Berlín en septiembre de 1769, estudió la flora y la fauna del continente americano durante cuatro años. Desde Venezuela, donde exploró la cuenca del Orinoco, siguió hasta Ecuador y Perú antes de dirigirse a México.

Von Alexander HUMBOLDT: Barón de Explorador y naturalista prusiano (Berlín, 1769-1859). Nacido en una familia aristocrática de tradición militar, dedicó su vida al estudio y la investigación científica.Hijo del camarero del rey de Prusia.

Destinado a una carrera política, estudió finanzas en la Universidad de Frankfurt, sobre el Oder.

Pero desde temprana edad demostró que su verdadero interés residía en los reinos de la naturaleza y, en consecuencia, se dedicó al estudio de la geología en Freiburg, anatomía en Jena y hasta astronomía. Su primera publicación, un tratado sobre las rocas basálticas del Rin, apareció en 1790.

Estudió Filosofía, Medicina y Botánica, además de interesarse por la minería y la economía y completar sus conocimientos viajando por toda Europa.

Su labor de explorador la orientó fundamentalmente hacia Sudamérica, adonde viajó con patente de Carlos IV, entre 1799 y 1804.

Al iniciar sus estudios pensaba dedicarse a la política, pero optó luego por las expediciones científicas.

Biografia Alexander Humboldt Naturalista Obra Cientifica y Estudios

Alexander Von Humboldt «El Investigador de la Naturaleza» – 1769-1859



Humboldt se dedicó a aumentar sus conocimientos en ciencias e idiomas, y en 1799 emprendió, en compañía de Bonpland, un viaje por las regiones tropicales del Nuevo Mundo, pródigo en beneficiosos resultados, que se prolongó hasta 1804.

Nadie había estudiado hasta entonces la naturaleza de la meseta mexicana, ni la vegetación del Amazonas, ni la fisonomía de los llanos, ni las características de los volcanes.

De regreso a Europa, ambos exploradores publicaron el Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente, 30 volúmenes, que aparecieron entre 1805 y 1832, donde se encuentran reunidos múltiples y valiosos documentos relativos a economía política, agricultura, geografía, arqueología, descripción de pájaros, peces, insectos y otras maravillas de la naturaleza.

Este material fue luego de gran utilidad para las famosas Sinopsis de S. Kunth, y fue también aquella obra la que hizo conocer la utilidad del guano como fertilizante y originó su introducción en los países de Europa.

En 1829 emprendió Humboldt un viaje al Asia central, por invitación del gobierno de Rusia, acompañado por Ehrenberg, Rose y Menschenin, que se redujo a una visita a los Urales.

Las observaciones realizadas fueron consignadas en dos volúmenes: uno de Rose, Mineralogía y Geognosia (1837-1847) y otro de Humboldt, El Asia Central (1843).

Después de esta publicación se dedicó a la redacción de su Cosmos, obra en la que ha desarrollado todas las ramas de la ciencia conocidas hasta entonces, y creado algunas más.

Visitó las islas Canarias y Cuba, se adentró en la selva del Orinoco, recorrió los Andes desde Cartagena de Indias hasta Lima, se detuvo para subir al monte Chimborazo (la mayor altura conquistada por el hombre hasta la época) y completó el periplo atravesando el Virreinato de Nueva España entre Acapulco y Veracruz.

A lo largo de la expedición realizó observaciones sobre la fauna, flora, geología, geografía y astronomía, pero también sobre la sociedad, economía, historia, razas y costumbres de América; de regreso a Europa trajo importantes colecciones de dibujos, plantas, minerales y animales disecados, que se conservan en museos de Berlín y París.

Luego dedicó gran arte de su vida a plasmar por escrito sus observaciones: primero en los cinco volúmenes del Viaje a las regiones equinocciales del nuevo Continente (1807-27); y luego en los cuatro de Cosmos.



Ensayo de una descripción física del mundo (1844-57). Entre ambas obras realizó otra expedición científica al Asia central, bajo la protección del zar Nicolás I. En las costas peruanas del Pacífico descubrió una corriente marina fría que, desde entonces, se denomina corriente de Humboldt.

Su hermano mayor, Karl Wilhelm von Humboldt (1767-1835), fue un destacado filólogo, pensador, diplomático y político liberal, que participó en las reformas de Stein*, modernizó el sistema educativo prusiano y fundó la Universidad de Berlín.

La línea de los volcanes: En Ecuador, Humboldt observó que los volcanes andinos se alineaban como si estuvieran a lo largo de una profunda grieta de la corteza terrestre.

Mientras estudiaba y clasificaba especies vegetales y zoológicas, Humboldt estudió la variación del magnetismo terrestre según se acercaba al ecuador y la relación existente entre temperatura y altitud.

Fue el primero en ascender hasta los 5800 m en el Chimborazo, que alcanza los 6267 m.

Humboldt se dedicó luego a investigar la corriente marina que recorre el litoral occidental de Amén :a del Sur y que actualmente se conoce corno corriente de Humboldt o corriente del Perú.

La influencia térmica que produce esta corriente fría explica que se encuentren en América animales polares, como los pingüinos, en latitudes tropicales.

Considerado el padre de la geografía climatológica y de la vulcanología, Humboldt murió en 1859.

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VIAJES Y OBRA CIENTÍFICA PUBLICADA

La cuenca del Orinoco (Venezuela) era poco conocida, pues bien, Humboldt observó ciertas analogías con el Nilo, comparación que constituye una ejemplar lección de geografía; las dudas que en 1797 había expuesto el geógrafo Buache, contra la posibilidad de una unión entre» el Orinoco y el Amazonas fueron disipadas por Humboldt.



Nuestro hombre llevó a cabo una navegación de doscientas millas geográficas, cruzando una red de ríos que le condujeron del Río Negro, por la Casaquiara, al Orinoco, esto es, por las fronteras de Brasil, desde el interior del continente hasta el litoral de Caracas; el paso por las cataratas de Atures y Maypures es uno de los episodios más apasionantes del relato de Humboldt.

A su regreso al litoral hizo escala en La Habana con el propósito de ganar las islas Filipinas pasando por México, pero tuvo que desistir porque las dos corbetas disponibles, El Geógrafo y El Naturalista, se encaminaban al cabo de Hornos para seguir hasta El Callao, en Lima.

En marzo de 1801 embarcó para Cartagena de Indias, pero la expedición de Baudin, en vez de doblar el cabo de Hornos dobló el de Buena Esperanza.

No obstante, este contratiempo fue aprovechado por Humboldt, aunque contrariado al no poder ir al Perú y estudiar la cadena de los Andes, porque gracias a la oportunidad que le deparó el buen tiempo pudo observar el paso de Mercurio sobre el disco solar.

Reemprendiendo la ruta llegó a Cartagena, en la meseta de Bogotá, tras dos meses de navegación por el río Magdalena. Atravesando la cadena de Quindiu, visitó el volcán de Popoyán, el páramo de Almaguer y la alta meseta de Los Pastos y llegó a Quito el 6 de enero de 1802.

Humboldt empleó cinco meses en explorar el alto valle de Quito y la cadena de volcanes con sus cimas nevadas.

Organizó una ascensión al Chimborazo, coronado con éxito, y a continuación, franqueando el páramo de Asuay, pasó los Andes, descendiendo por Cuenca y las selvas de Quinquina de Loxa en el valle superior del Amazonas, cerca de Juan de Brocamoros; y atravesando la meseta de Cajamarca llegó al Micuipampa y a la pendiente occidental de las cordilleras del Perú; en el alto de Guancamarca por primera vez gozó del espectáculo que proporciona la vista del océano Pacífico.

El 23 de marzo de 1803 Humboldt y sus compañeros llegaron a Acapulco, tras haber tocado en El Callao y Guayaquil.

De allí se dirigieron a la capital de México, donde permanecieron el tiempo justo para preparar una expedición a la provincia del Michoacán y al volcán Jómelo.

De regreso a México, la capital, Humboldt se tomó un tiempo para ordenar sus colecciones, las notas y apuntes diversos que había reunido. Incansable, empero, tal era su ímpetu por explorar el mayor número posible de regiones, que organizó una ascensión al volcán Toluca, prosiguiendo por las selvas de las cadenas de Xalapa hasta Veracruz; milagrosamente se libró de la fiebre amarilla, viviendo la epidemia que hizo estragos en la ciudad.

Finalmente, después de una estancia en La Habana, junto con sus compañeros Bonpland y Montúfar embarcó rumbo a Filadelfia y de allí se trasladó a Washington, donde fue amistosamente recibido por Jefferson. Después de una travesía sin contratiempos, el 3 de agosto de 1804 llegó a Burdeos, término de un viaje que había durado cinco años.

Los resultados de este viaje le permitieron publicar siete tomos cada uno de los cuales es ya por sí mismo una obra monumental.

Nosotros nos limitaremos a dar el título de cada uno, cuyo orden es el subsiguiente: Voy ages aux régions équinoxiales du Nouveau Continent, Vue des Cordilléres et Monu-ments des Peuples indigenes de l’Amérique, Journal d’Observations de Zvo-logie et d’Anatomie comparée, Essai politique sur le Royaume de la Nouvelle-Espagne, Recueil d’Observations astronomiques, Operations higrométriques et de Mesures barométriques, Physique genérale y Géologie y Essai de la Géo-graphie des Plantes.

alexander humboldt imagenes de su libro

Ilustraciones de Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Arriba: volcán de Turbaco; abajo: balsa en el río Guayaquil.

Esta obra fue escrita en París, donde residió desde 1805 hasta 1827. En este intervalo sólo hizo un viaje de estudios a Italia con el objeto de llevar a cabo observaciones hipsométricas en el Vesubio, pero no debieron de ser muy completas porque años después las volvió a verificar.

Esta larga estancia en París la dedicó a la preparación de su obra monumental, cuidando de’los más mínimos detalles que requería su impresión, aunque sus ocios los dedicó a la química, colaborando con Gay-Lussac en unos trabajos sobre el aire atmosférico y, con Berthollet, en las Mémoires de la Societé d’Arcueil y los Annales de Physique et de Chimie.

A partir de 1827 fijó definitivamente su residencia en Berlín. Humboldt gozaba de una fama y un respeto merecidos.

En Berlín se vio favorecido por la confianza del rey Federico-Guillermo III de Prusia y de su sucesor Federico-Guillermo IV. Amigo de todos los ministros y de los personajes más influyentes de la corte, hubiera podido ocupar un alto cargo público, pero prefería vivir para la ciencia que para las tareas administrativas y políticas.

Es más, aunque ya sexagenario, se lanzó a una nueva y peligrosa aventura. En efecto, en 1829, junto con sus dos amigos Ehrenberg y Gustave Rose, preparó un viaje por Asia; llegaron hasta la China y, en nueve meses, cuando regresaron a Moscú habían recorrido una distancia de dos mil trescientas millas geográficas.

imagenes del libro cientifico de humboldt

Los resultados de este viaje aportaron nuevos datos a la mineralogía, orografía y climatología y figuran en el libro, que en su edición francesa del 1843 lleva por título Asie céntrale, recherches sur les chaines de motaignes et la climatologie comparée; también enriquecieron su Ansichten der Natur (Cuadro de la Naturaleza), en su segunda edición aparecida en Berlín en 1849.

Pasada la revolución del 1830, el rey Federico-Guillermo III le encargó reconocer en nombre de Prusia el advenimiento del rey Luis-Felipe. Desde entonces renovó sus viajes a París, donde contaba con numerosos amigos y admiradores.

En esta época elaboró el Examen critique de la Géographie du Nouveau Continent, publicado en cinco volúmenes, en la edición francesa que vio la luz en 1836; la última estancia en París, una de las capitales más amadas por Humboldt, fue entre los años 1847 y 1848; y el viaje acompañando a Londres al rey Federico-Guillermo IV para asistir al bautizo del príncipe de Gales, más otro a Copenhague, pasaron a ser los últimos desplazamientos de este hombre infatigable, que no rehuyó ningún peligro con tal de lograr una nueva hipótesis de trabajo.

Cuando Humboldt terminó la redacción del Kosmos, su obra monumental, contaba ochenta y nueve años. Unos meses después de verla terminada, rodeado de fama y honores, murió en Berlín, el 6 de mayo de 1859.

Acaso el esfuerzo mayor de Humboldt se pueda situar en el último decenio de su vida, cuando inició la redacción del Kosmos.

Esta obra viene a ser la síntesis del mundo físico. A gran escala es un desarrollo de sus Tableaux de la Nature, y en ambos libros, en especial en el Kosmos, Humboldt quiso demostrar que la forma severa de la ciencia, o la descripción rigurosa de los fenómenos que acaecen en nuestro globo, son susceptibles de ser resumidos y completados en las escenas animadas que la naturaleza ofrece a cada paso.

Ahora bien, este empeño tan laudable no está conseguido del todo. Humboldt no supo renunciar al rigor de su cultura y la lectura del Kosmos es fatigosa para quienes no tienen un auténtico interés científico.

En este sentido aseguraríamos que Darwin obtuvo un resultado más feliz sin renunciar al rigor, y que este resultado, no olvidemos que la cultura no está reñida con la amenidad, ai contrario, favoreció las conclusiones que se pueden extraer de un libro muy leído: comentémoslo, empero, al margen de esta impresión.

El Kosmos se inicia con una serie de consideraciones sobre los estímulos que provoca la visión de la naturaleza en general.

Este contacto de bienestar, de placidez que resulta de la relación entre el hombre y la naturaleza es capaz de «disminuir el dolor y apaciguar las pasiones cuando el alma está penosamente agitacta». Ahora bien, esta relación en el fondo es el estímulo de una armonía jamás alterada.

Después de esta armonía vienen los efectos del paisaje contemplados a través de la lucha de los elementos desencadenados, la desnudez de los desiertos y estepas, la contemplación de los campos fértiles, etc., que asimismo producen los primeros estímulos.

No existen contradicciones. Al contrarío. El autor, valiéndose de descripciones, en un segundo término penetra hasta el fondo de los fenómenos que esconden.

En el Kosmos Humboldt expone la uniformidad de las variaciones atmosféricas.

Sobre este particular, por ejemplo, una prueba de su minuciosidad la tenemos recordando que Humboldt fue uno de los primeros en señalar la regularidad de los máximos y mínimos del barómetro en las regiones equinociales, de suerte que este instrumento puede ser empleado, por así decirlo, a modo de reloj.

En lo tocante a la uniformidad de las variaciones atmosféricas y de los contrastes de clima y de vegetación. siguiendo la diferencia de las alturas parecen, según Humboldt, en la zona tórrida, reflejar la invariabilidad de las leyes que gobiernan los movimientos celestes.

Sobre este punto Humboldt aporta toda clase de detalles, ricos en descripciones fantásticas. Nos limitaremos a observar, pues, que en este capítulo llega a sobrecargar tanto los detalles que incluso desorienta al lector; Humboldt en ocasiones no puede sustraerse a su naturaleza germánica.

El estímulo se torna goce cuando el autor considera que el hombre puede trabar conocimiento con las leyes de la naturaleza. Ahora bien, cuando todo podía hacer suponer que Humboldt recurría a las leyes de la filosofía natural circunscrito a la Naturphilosophie, empieza a trazar con mano segura la visión del universo; después de las nebulosas y estrellas lo ordena, ya en la corteza terrestre, en el mundo de los vegetales y de los animales.

Punto aparte merecen las consideraciones de Humboldt sobre las rocas que constituyen nuestro planeta. Las divide en cuatro clases.

En la primera incluye las «rocas de erupción», salidas del interior del globo, «volcánicamente», o sea en estado de fusión, o «plutónicamente», esto es, en estado reblandecido. En la segunda clase están las «rocas de sedimento», precipitadas o condensadas en un medio líquido, donde primitivamente estaban disueltas o en suspensión.

En la tercera están las «rocas metamórficas», cuya textura y modificación han sido alterados, ya sea por el contacto o proximidad de una roca de erupción volcánica o plutónica, ya sea por la erupción de vapores y de sublimaciones que acompañan la eclosión de ciertas masas en estado de fluidos ígneos. Y la cuarta clase de rocas la constituyen los «conglomerados», formados de los despojos de tres rocas precedentes y divididas de una forma mecánica.

En 1817 Humboldt ya imaginó una manera de distribuir el calor por el globo terrestre.

Partió de una idea de Halley y efectuó una distribución gráfica. Sus líneas isotermas, ¿soferas e isiquímenas, representando la media de las temperaturas anuales del estío e invierno, fueron uno de los procedimientos más útiles en climatología.

En el segundo volumen del Kosmos aborda la historia de las ciencias. Aquí Humboldt ofrece la idea más importante de su obra a través «del reflejo del mundo exterior en la imaginación del hombre».

Cuando Canguilhem pondera su síntesis de conocimientos, que tienen por objeto la vida sobre la Tierra, sin duda se refiere a esta parte donde además desarrolla la idea total del universo.

El tercer volumen está exclusivamente consagrado a la astronomía. Humboldt, en la zona de los asteroides, cuyo número aumenta todos los años, divide los planetas en tres grupos:

1.°) los planetas interiores (Mercurio, Venus, Tierra y Marte), situados más cerca del Sol, y que de este lado de los asteroides son todos de una magnitud media, un poco más pequeños que la Tierra, relativamente más densos, poco achatados, dotados de un movimiento de rotación poco más o menos uniforme, de veinticuatro horas por lo menos, y desprovistos de satélites, exceptuando la Tierra;

2.°) la zona intermedia de los asteroides, que destacan por su pequenez, así como también por la excentricidad y la inclinación de sus órbitas; y

3.°) los planetas exteriores (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), situados entre la zona de los asteroides y los extremos todavía desconocidos del sistema solar, son mucho más grandes, cinco veces menos densos, con un movimiento de rotación más rápido, con un achatamiento más sensible y todos provistos de satélites.

En este tercer volumen cabe señalar también las observaciones de Humboldt sobre la luz zodiacal, que interpreta como una posible irradiación de la atmósfera solar; Humboldt lo expresa en los siguientes términos: «Sobre todo en las regiones tropicales los fenómenos meteorológicos muestran dentro de sus variaciones una mayor uniformidad y regularidad, que permite esperar las aclaraciones sobre la naturaleza de la luz zodiacal»; la falta de instrumentos no le permitió profundizar en estos campos de la astronomía, pero evidenció su profunda intuición de los fenómenos naturales.

El cuarto volumen está dedicado a la física del globo terrestre. Se publicó en 1858, o sea un año antes de su muerte.

El autor estudia con gran precisión muchos de los puntos que había esbozado en el primer volumen, tales como el magnetismo terrestre, los terremotos y las zonas volcánicas.

Fiel a sus puntos de partida, Humboldt relaciona estos fenómenos con la idea del Kosmos, o sea buscando las relaciones entre la Tierra y el universo. «Nada de lo que ocurre en nuestro planeta —escribe— debe ser concebido sin una complejidad cosmológica.

El nombre de planeta ya indica la dependencia de un cuerpo central, relaciones con un grupo de cuerpos celestes de tamaño diferente, y probablemente, con un mismo origen.

A su debido tiempo se supuso la influencia del Sol en el magnetismo terrestre, y Kepler había supuesto que todos los ejes de los planetas estaban dirigidos magnéticamente hacia el mismo punto del cielo; y, siguiendo este gran astrónomo, el mismo Sol era un cuerpo magnético dotado de una fuerza que hacía mover los planetas.»

Terminando con los dos últimos volúmenes, especialmente en el séptimo, el análisis de los paisajes inicia lo que más tarde se denominará la «ciencia de los lugares» que, junto «con la del hombre», será el primer paso para tratar de la evolución.

En su visión geológica y física abrió las puertas a una geografía climatológica, de los mares, que sólo poseían una existencia problemática. En fin, en el Kosmos Humboldt aplica a su objeto, a las relaciones del hombre histórico y su medio, la categoría de una totalidad.

La obra de Humboldt ha sufrido los embates del tiempo, muchos de sus hallazgos han sido superados, buena parte de suposiciones desechadas y determinadas metodologías han buscado nuevas vías.

No obstante, a partir de Humboldt las determinaciones de la relación histórica tomarán como soporte la geografía.

En la misma Alemania este paso originará el de la antropología de la mano de Ratzel y, de rechazo, la historia como ciencia conducida por Michelet; el legado de Humboldt aparece como un gran esfuerzo que la ciencia actual aún debe contemplar como un devenir indefinido.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Alexander Von Humboldt  – Editorial Planeta

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