Importancia de la Alimentación en el Progreso Tecnologico y Científico



Relación entre  Alimentación y el Progreso Tecnológico

Desde cierto punto de vista el hecho más importante de toda la historia humana fué el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492.

El viaje de Colón descubrió nuevas tierras para colonizar y nuevos campos de ideas para cultivar; pero desde otro punto de vista fue descubierto trescientos años más tarde un mundo aún más vasto.

Nuestros antepasados del tiempo de la Revolución Americana — e incluso hombres de la generación pasada, abuelos de los hombres actualmente en actividad — vivían en forma muy parecida a los hombres que vivieron en tiempo de César.

El transporte por tierra durante los primeros años del siglo XIX, se hacía a caballo o en vehículos tirados por caballos, e incluso se usaban los bueyes, en muchos sitios, para las cargas pesadas.

El transporte por mar se hacía en barcos de vela, más grandes y más ágiles que los barcos de César, evidentemente, pero sin emplear ningún principio diferente.

La ciencia de la medicina  — o mejor dicho lo que hoy día llamamos ciencia de la medicina— no existía en el año 1800. Priestley había descubierto el oxígeno y Lavoisier había echado los cimientos de la química, pero nuestra ciencia química moderna no existía. Benjamín Franklin había remontado un cometa hacia una nube tempestuosa y había tenido la suerte de captar una chispita, en lugar de un rayo, con la llave que había unido al cordel del cometa, pero con todo, la ciencia física no había adelantado mucho desde el tiempo de Arquímedes.

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Primeros Ferrocarriles

El mundo, sin embargo, se preparaba para adelantar. Aproximadamente a mediados del siglo XVIII, algo cambió en los asuntos humanos, exteriorizándose en la libertad de pensamiento y de crítica que se convirtió en el siglo XIX en ferrocarriles, buques de vapor, numerosas máquinas, etc. y todo este inmenso adelanto de la ciencia física que aun ahora — con todo y formar parte de la vida diaria— nos obliga a maravillarnos a diario.

¿Qué fué lo que sucedió hace sólo doscientos años y que nos abrió el cofre de los tesoros del conocimiento?.



Durante miles de años el hombre vivió sobre la tierra aproximadamente en la misma forma que sus antepasados y luego empezó a adelantar en todas direcciones.

Lo que había sido imposible antes, se hizo posible para los hombres de la última parte del siglo XVIII y del XIX. ¿Cuál fué este cambio?.

La pregunta tiene sólo una respuesta. Fué un aumento de las obras creadas por el trabajo del hombre, una vez provistos los elementos necesarios para la vida.

Por consiguiente en algún momento, alrededor del año 1750, el trabajo del hombre empezó a ser más productivo.

La necesidad diaria más apremiante de todo ser vivo es el alimento y antes del siglo XVIII había existido, con diversos grados de intensidad, una constante falta de alimentos.

Por consiguiente, si en ese momento el hombre empezó a tener tiempo sobrante para estudiar, que es lo que se requiere para avanzar en el terreno de los conocimientos, o sea, si el hombre empezó en ese momento a meditar y a aplicar a las artes el fruto de su estudio, como dice Sismondi, ha debido ser porque durante el siglo XVIII el alimento se fué haciendo más barato y más abundante.

El hombre hambriento no medita sobre arte; tal como dice el doctor Samuel Johnson: «El que desfallece de hambre se preocupa bien poco de cómo se alimentarán los otros».

La abundancia de alimentos a precios que estén al alcance de todos es de primera necesidad para el bienestar humano.

El mayor éxito de los siglos XVIII y XIX consiste en haber obtenido suficiente comida para aliviar esta necesidad y la Victoria sobre el Hambre, debida a la gran producción que la maquinaria consiguió proporcionar a una población relativamente reducida, es la conquista que ha producido todas las comodidades de hoy en día.

LOS ALIMENTOS Y LA HISTORIA



Es difícil que las personas que viven en condiciones modernas se den perfecta cuenta de que estamos disfrutando un lujo y una abundancia tan general como nunca pudo imaginarse antiguamente que pudiera ser posible. «Quisiera atreverme a desear, ya que no a esperar, que los labradores pudieran tener vidrios en sus ventanas y comieran carne una vez por semana», decía sir Tomás Moro.

No obstante se ha alcanzado mucho más de lo poco que osaba desear sir Tomás Moro, aunque no lo esperaba; ahora tenemos cristales en todas las ventanas y la carne forma parte de la dieta ordinaria de la gente junto con leche y manteca y aun otros alimentos que en tiempos de Moro eran lujos apenas conocidos por los príncipes.

Hay todavía sufrimientos en el mundo, y estamos realmente muy preocupados para aliviarlos como corresponde, pero la existencia de estos sufrimientos no constituye una base suficiente para destruir la sociedad actual y tales consejos radicales provienen tan sólo de aquellos que no se han dado cuenta de los grandes adelantos que se han hecho y se están haciendo.

La esperanza de la humanidad reside en las promesas que se están realizando debido al progreso de los últimos ciento cincuenta años, y el programa más perfecto que podemos proponernos para el futuro consiste en perseverar en los métodos que tanto han conseguido ya para aliviar la miseria humana.

El primero y más importante de los éxitos recientes es el que ha sido llamado la derrota del Hambre.

Desde luego, es imposible una victoria absoluta, pues siempre habrá tormentas, grandes sequías, heladas y enfermedades de las plantas o animales que escaparán al dominio del hombre, y que ocasionarán cosechas escasas. De todos modos gran parte de los sufrimientos han sido consecuencia de la ignorancia y de la estupidez humana.

Entre las causas del hambre que enumera Mr. Cornelius Walford, algunas tienen todavía importancia actualmente:

1. Prohibiciones de cultivo o destrucción voluntaria de las cosechas.
2. Agricultura de técnica defectuosa por el régimen comunal de la tierra.
3. Acción gubernamental mediante reglamentaciones o impuestos.
4. Restricciones monetarias, incluso desvalorización de la moneda.

Los errores y estupideces de los hombres perdurarán indudablemente mientras el hombre exista sobre la tierra, pero pueden incuestionablemente disminuir y aminorar sus efectos cuando la humanidad aprenda a reconocerlos y.comprenda los trastornos que ocasionan.

La historia del mundo ha sido la historia de la lucha por el pan de cada día. Las artes primitivas provienen de la búsqueda de alimentos por el hombre primitivo — terrible búsqueda, de la cual dice el conde Grégoire en 1804, pensando especialmente en Francia:



«Los tiempos de hambre eran antiguamente más calamitosos que en nuestros días y su azote era mucho más frecuente. Maret, el Viejo, contó diez hambres en el siglo X y veintiséis en el siglo XI.»

Las batallas, los torneos y las coronaciones en Reims o en Aquisgrán, así como los esplendores semejantes al del Campo de la Tela de Oro, no han sido más que distracciones momentáneas.

El interés continuo y permanente de la humanidad lo ha polarizado el alimento y en numerosos libros se habla de los inútiles esfuerzos de todo género que se han efectuado para conseguir alimentos.

Mr. Farr decía de Inglaterra «en los siglos XI y XII se registra un hambre cada catorce años por término medio, y el pueblo sufrió veinte años de hambre en el término de doscientos años. En el siglo XIII la lista muestra la misma proporción de hambres; añadiendo cinco años de precios elevados, la proporción es aun mayor.

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En conjunto, las épocas de escasez disminuyeron durante los tres siglos siguientes; pero el término medio desde 1201 hasta 1600 es el mismo, o sea, siete hambres y diez años de hambre por siglo. Esta es la ley que regula las carestías en Inglaterra».

Se puede obtener una idea del significado de estas breves afirmaciones examinando el siguiente resumen que da Mr. Warlford respecto de las hambres de Europa durante el siglo XIII:

1200 Irlanda:Un año frío, sin alimentos.

1203 Inglaterra: Una gran mortalidad y hambre por las largas lluvias

1203 Irlanda: Una gran hambre tanto que los curas comieron carne en Cuaresma

1209 Inglaterra: Hambre por culpa de un verano lluvioso y un duro invierno.

1224 Inglaterra Un invierno muy seco y mal tiempo para la siembra, de lo cual provino una gran hambre.

1227 Irlanda: Gran hambre en todo el país.

1230 Roma: Hambre después de haberse desbordado el Tíber.

1235 Inglaterra: Hambre y peste; mueren en Londres 20.000 personas; la población come carne de caballo, corteza de árboles, pasto, etc.

1239 Inglaterra: Gran hambre, la gente se come a sus niños.

1243 Alemania: Hambre

1243 Inglaterra: «Por culpa de haber bajado el valor de la moneda acaeció una gran penuria».

1252 Inglaterra: No llovió desde «Pascua Granada» (alrededor del 15 de mayo) hasta el otoño; no creció el pasto, por lo cual hubo una gran hambre; gran mortandad de hombres y ganado; carestía de los cereales y escasez de frutos.

1257 Inglaterra: Las inundaciones de otoño destruyeron los granos y la fruta; siguió una gran epidemia.

1258 Inglaterra: Los vientos del norte que reinaron durante la primavera destruyeron la vegetación; faltó comida, porque la cosecha anterior había sido pequeña, e innumerable cantidad de gente pobre murió.

Se trajeron de Alemania cincuenta cargamentos de trigo, y centeno y aun el mismo pan se trajo de Alemania; pero a los ciudadanos de Londres se les prohibió mediante una proclama que comerciasen con estas mercaderías. «Una gran carestía siguió » a la peste de este año húmedo, pues un quintal » de trigo se vendía a 15 o a 20 shillings, pero lo peor fué al final, pues ya no se encontraba nada «por dinero y mucha gente pobre se vio obligada  a comer la corteza de los árboles y carne de caballo; pero muchos murieron de hambre, dicen que «en Londres más de 20.000». — Penkethman.

1262 Irlanda: Gran destrucción de personas por la peste y el hambre.

1268 Sicilia: Terrible hambre. Lo mismo en Viena.

1271 Inglaterra: Una violenta tempestad e inundación, seguida de unagran hambre en todo el distrito de Canterbury.

1271 Irlanda: Epidemias y hambre en toda Irlanda.

1281 Polonia: Hambre

1286 Inglaterra: Veintitrés años consecutivos de hambre comenzando en este año.

1289 Inglaterra: Una tormenta destruye la semilla, y el trigo sube a un alto precio.

1294 Inglaterra: Gran hambre; muchos miles de pobres mueren.

1295 Inglaterra: No hubo cereales ni frutos, «de manera que los pobres morían de hambre». Camden.  — Granizo, gran destrozo de alimentos.

1295 Irlanda:  Gran carestía durante este año, y los años anteriores y siguientes

1297 Escocia: Hambre calamitosa y epidemias.

1298 Inglaterra: Eduardo I cumple veintiséis años. Un año particularmente calamitoso de los veintitrés años de carestía mencionados por Short, que en esta época tan religiosa pareció alcanzar su forma más terrible cuando no se pudo conseguir vino para administrar la comunión en las iglesias.

Pasando por alto muchos años de hambre que se describen brevemente, es digno de notarse que en muchos casos la intensidad de la carestía se aclara haciendo constar los altos precios pagado por los alimentos. Así:

1437-38 Inglaterra:  El trigo se elevó desde su precio ordinario de 4 chelines o 4 chelines y 6 peniques por quintal (aprox. 10 kgs.) a 26 chelines y 8 peniques. Se hizo pan de raíces de helechos. — Stow. Lluvias y tormentas. — Short. «En el 17º año de Enrique VI, debido a grandes tempestades y vientos y lluvias tremendas, hubo tal escasez que el trigo se vendía en algunos lugares a 2 chelines y 6 peniques el bushel (1,5 litros aprox.)».

1439 Inglaterra:  Enrique VI cumple dieciocho años. «El trigo se vendía en Londres a 3 chelines el bushell; majado, a 13 chelines el quintal; la avena a 8 peniques el bushell (1.5 kgs. aprox.) por lo cual los hombres debieron comer más alubias, guisantes y cebada  que en los cien años anteriores; por lo cual Stephen Browne, entonces alcalde, mandó buscar a Prusia e hizo venir a Londres muchos barcos cargados con centeno, que hizo mucho bien; pues » el cereal para hacer pan era tan escaso en Inglaterra que la gente pobre hacía su pan con raíces » de heléchos».

1521 Inglaterra:  Hambre y mortalidad. «El trigo se vendía en Londres «a 20 shillings el quintal».

Cuan grandes han sido las penurias y sufrimientos humanos en tiempos antiguos se deduce de la observación de Bruyerinus Campegius 5 de que las aves conocidas en latín por corvi — cuervos — no son buenos para comer porque viven en gran parte de cadáveres humanos, indicando con esto que los cadáveres insepultos no eran nada fuera de lo común.

La falta de suficiente cantidad de comida no terminó sin embargo en el año 1600, último año de los incluidos en el resumen de Mr. Farr, sino que continuó (aunque disminuyendo su frecuencia en Inglaterra), pero siempre con muchos sufrimientos, hasta entrado el siglo XVIII, y en Francia la falta de comida a consecuencia de la pobre cosecha de 1788 fué uno de los motivos desencadenantes de la gran revolución de 1879.

El libro de M. Parmentier sobre «Nutritive Vegetales which May Be – Substituted for Ordinary Food in Times of Scarcity», premiado por la Academia de Besancon en 1772 fué traducido al inglés y publicado en 1783 en Inglaterra con un prólogo del traductor en el cual, al describir las condiciones de Inglaterra en aquella época decía:

En el período actual de escasez y carestía de provisiones, cuando la gente del pueblo ha sido incitada al descontento y al tumulto por las desgracias que han empezado a pesar sobre ellos y por la perspectiva de las desgracias y miserias aún más acentuadas en que se verán envueltos antes de la próxima cosecha, . .. incumbe a todo hombre el proponer públicamente todo lo que crea indicado para evitar o aliviar estas inminentes calamidades . ..

Las frecuentes y graves crisis de escasez e incluso de hambre que se han sentido en Francia, convierten a las investigaciones semejantes a las de M. Parmentier en objeto de la más grande importancia nacional; y, desgraciadamente, el año actual ha comprobado hasta la saciedad que no hay fertilidad del suelo ni pericia ganadera que pueda asegurar absolutamente ninguna nación contra tales desastres.

Veinte años antes de las guerras de Napoleón, y por consiguiente sólo hace algo más de 150 años, Inglaterra, al igual que las naciones del continente de Europa pasaba penurias por falta de alimentos que no podían proveer «ni la fertilidad del suelo ni la pericia de los ganaderos». La humanidad ha avanzado evidentemente en medio del Hambre y de la Miseria. Esos han sido sus compañeros diarios a través de toda la historia europea y si pudiéramos saber todos los hechos sabríamos que han sido sus eternos compañeros desde las profundidades de la Historia.

No obstante, los hechos no están siempre completamente ocultos, pues pueden encontrarse ocasionales referencias a las condiciones que existían.

Ningún hombre puede ser tan perverso e inhumano que cuando vea languidecer a otros hombres en las calles, cayéndose de hambre, no sienta dolor en su corazón, aunque no sea más que al pensar cuan cerca está él de este mismo sufrimiento. Puede ser que estas necesidades nos hayan sido enviadas por Dios, nuestrp padre, para castigarnos y corregirnos, y debe ser sufrido pacientemente , pues aunque muramos no hacemos mas que salir de nuestra pobreza, miseria  y dolor.

Expresiones como la que acabamos de citar, son relativamente raras; uno podría creer que la miseria que el hombre ha debido sufrir debiera estar reflejada en cada página escrita, pero no es así. El hombre ha sufrido hambre de la misma, manera que ha sufrido las tormentas y terremotos, los fríos invernales o los calurosos veranos. Las condiciones que todos han conocido y compartido no necesitan comentarios de nadie. Cuando llegaba la abundancia, entonces sí que merecía ser descripta. Las fiestas sí eran ocasiones para rememorar felizmente pero de la penosa necesidad diaria poco se decía.

El mundo actual que considera al hambre como un mal del cual ninguna persona de los países civilizados debiera sufrir, encuentra algo difícil de comprender cómo la miseria y el hambre eran condiciones perennes en las cuales vivieron las generaciones anteriores. Mr. Walter H. Mallory dice que la mortalidad normal entre los chinos contiene siempre un factor constante que es el hambre, y lo mismo podría decirse de Europa durante el período anterior al siglo XIX.

¿Qué es lo que causaba esta constante escasez de comida, que, tan a menudo, aumentaba de intensidad y extensión hasta abarcar un gran territorio que se describía como Hambre, y que estaba señalado por los precios de hambre de los alimentos más simples y necesarios?.

La cuestión concierne íntimamente a la vida diaria del hombre y al bienestar de todas las épocas pretéritas, pues la primera necesidad del hombre es la comida; el saber en qué grado le ha sido posible a la raza humana dar cumplimiento a esa necesidad, y en qué extensión estaba afectada la población por esta escasez de comida hasta el extremo de pasar hambre, son datos esenciales si queremos comprender la historia humana y las condiciones existentes.

En el mundo antiguo, así como durante muchos siglos de la era cristiana, la gran incertidumbre que presidía el curso de la vida humana hizo imposible que los hombres dirigieran sus pensamientos hacia el desarrollo de empresas que, por su naturaleza corresponden a condiciones estables.

Tanto en el mundo antiguo como durante la edad media hubo siempre gran miseria; esta miseria trajo la guerra, y la guerra significó siempre pillaje.

Las máquinas, las minas, los molinos y los mejores medios de transporte surgieron solamente cuando hubo suficiente protección para los derechos de las personas y de la propiedad para que pudiese triunfar la ambición.

Los hombres del mundo antiguo sufrían siempre bajo la doble carga del hambre y de la constante inseguridad. Se dice que en una primera época, Triptolemus inventó el arado y Myles el arte de moler el grano.

El pasado ha visto muchos progresos y es muy probable que el futuro los vea en mayor número; pero si las condiciones de vida de los hombres fuesen tales que pudiesen temer una falta de seguridad para sí mismos, sus hijos o sus pueblos, la idea del progreso, tal como dice el profesor Bury no tendría valor para ellos.

Más aún, Mr. Hallam hace notar que cuando en los primeros siglos de la era cristiana los pueblos europeos empezaron a abandonar en el habla popular, el uso del latín, perdieron el acceso a lo que había sido la literatura del mundo civilizado, y con la pérdida de los libros antiguos, perdieron simultáneamente la constancia escrita de los progresos que el mundo había realizado hasta aquella fecha.

No obstante, después de la edad media, cuando aquellas influencias de las cuales hablan el profesor Bury y Mr. Hallam ya no pesaban sobre la mente humana, hubo todavía una larga pausa antes de que el mundo viera la gran eclosión de éxitos que se iniciaron a principios del siglo XIX.

Aparentemente, aparte de las causas mencionadas, había alguna otra que operaba todavía posponiendo el progreso humano. Intelectualmente, como demostró lo ocurrido, la humanidad estaba lista y preparada para avanzar; pero con todo, el movimiento hacia adelante no se producía. ¿Cuál era en este período, la causa retardante?

Cualquiera que fuese, dejó de actuar hace alrededor de dos siglos. Aparte de Rusia, el hambre no volvió a visitar el mundo occidental.

En realidad, aparte de lo que nos reserve el futuro, durante el último siglo se ha obtenido tan fácilmente la comida necesaria que, excepto si acaece una interferencia gubernamental (como la que ha ocasionado los trastornos rusos), las hambres parecen cosa remota e imposible, algo así como los dragones de los libros de hadas que leíamos de niños —con esta diferencia, empero, que los dragones nunca existieron y las hambres eran cosa muy real en tiempos relativamente cercanos del pasado.

¿Qué ha sucedido para que tengamos en esta época la abundancia que el mundo nunca conoció antes?.

La contestación es sencilla —hemos tenido libertad—. En tiempos de Luis XIV, Voltaire dijo, hablando no sólo de Francia sino del mundo europeo, que las artes no habían pasado del punto alcanzado bajo los Medici de Florencia, bajo César Augusto en Roma durante el primer siglo de la era cristiana y bajo Alejandro Magno durante el siglo IV antes de Jesucristo; pero por lento que pueda ser el progreso en las artes, la razón humana en tiempos de Luis XIV, había mejorado mucho,10 y además se había hecho más despierta al compás del lento desarrollo del sentimiento de libertad y había aumentado así la oportunidad ofrecida a los hombres para usar su liberado poder intelectual.

Se juntaron sin duda alguna muchas causas para producir los grandes resultados que vemos, pero la libertad creciente (libertad de pensamiento y libertad del cuerpo), la libertad frente a las restricciones físicas, frente a las reglamentaciones autoritarias y a los tributos agobiantes, fué la mayor de las influencias en juego.

Luis XIV, murió en 1715 y en aquel momento existía muy poca libertad en Francia; pero el cambio ya había empezado en Ingla térra con el cercado de un pequeño número de campos comunale; y con la introducción de la agricultura holandesa y de la horticultura flamenca.

La transformación vista en esta forma, no pareció muy clara a muchos observadores, pero a medida que el tiempo fué pasando su importancia fué aumentando.

Tampoco lo era para Samuel Johnson en 1750, pero mirando hacia atrás desde nuestros días la historia nos muestra lo que Johnson no supo ver.

Reconocemos, vistos desde hoy, que los hombres del tiempo de Johnson estaban empezando a cambiar la faz del mundo y vemos que en esos hombres habían anidado la ambición y la esperanza — el mayor y más inspirador de todos los cambios que pudo sucederle a la humanidad.

Se permitió a los hombres poseer sus propios campos, resolver sus problemas lo mejor que supieran disfrutar el producto de su trabajo sin regulación de la autoridad y sin impuestos opresores.

La libertad fué la primera de las realizaciones de los tiempos modernos y junto con ella arribaron la maquinaria agrícola, los alimentos en cantidades crecidas, adelantos intelectuales, el fracaso y la liberación de las antiguas supersticiones, mejoras en los medios de comunicación y finalmente el vapor, la electricidad y todas las maravillas del mundo actual.

En la edad media, reinaba en lugar de la libertad y la abundancia, la administración comunal de la tierra, las reglamentaciones autoritarias y la miseria.

Fuente Consultada.
El Hambre en la Historia E. Parmalee Prentice Editorial Espasa-Calpe

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