Biografia de Walter Scott Escritor Vida y Obra Literaria



Biografia de Walter Scott EScritor-Vida y Obra Literaria

Walter Scott (1771-1832), fue un escritor de estilo novelista, poeta, historiador y biógrafo escocés, cuyo trabajo como traductor, editor y crítico, junto con sus novelas y poemas, hicieron de él una de las más prominentes figuras del romanticismo inglés.

Nació el 15 de agosto de 1771 en Edimburgo. Un pequeño «virtuoso» de seis años que tenía una mente prodigiosa, un cuerpo vigoroso y una pierna coja.

A los ocho meses de edad había sufrido un ataque de parálisis infantil, y una de sus piernas había quedado lisiada para toda la vida; pero el resto de él, repitiendo sus propias palabras, era «sano, animoso y recio».

Biografia de Walter Soctt
Nació el 15 de agosto de 1771 en Edimburgo. Trabajó como abogado y, más adelante, como secretario judicial, actividad que le dejaba mucho tiempo libre para escribir.

Aprendió a caminar, a cabalgar, y hasta a correr a la par del más pintado. Descendía por línea paterna y materna de sangre «noble». Esa nobleza era para él motivo de orgullo, pero no de arrogancia. Fue a lo largo de toda su vida un caballero entre caballeros.

Fue, desde la infancia, «incansable como el remolino». Siempre estaba haciendo o diciendo alguna cosa. Tenía una memoria que semejaba un papel secante: absorbía todo lo que oía o leía. Se paseaba por la casa recitando poesías.

Un «diablillo porfiado», con un voraz apetito de saber. Cuando comenzó a ir a la escuela —a los ocho años— se sabía casi de memoria a Shakespeare y Homero, pero no sabía nada de aritmética. El maestro le hizo sentar al final de la clase, entre los alumnos más torpes.

Al principio los condiscípulos le hicieron a un lado a causa de su cojera. «No vale la pena perder el tiempo con un lisiado.» Los desafió a uno tras otro, y más de una vez salió con las narices sangrando, pero al fin logró que lo respetasen. Y le admirasen. Pues se enteraron de que sabía relatar cuentos.

A los dos años era el mejor de la clase y sabía aritmética. Dos años más y estaba en condiciones de matricularse para la escuela secundaria.

Mas he aquí que una seria enfermedad interrumpió sus estudios y casi acabó con su vida; la rotura de un vaso sanguíneo de los intestinos. Siguieron semanas de agonía, meses de convalecencia… y al fin pudo reanudar su educación.

Comenzó los estudios secundarios con la intención de prepararse para seguir la carrera del padre: Derecho.



Walter Scott hubiera preferido mil veces el cuartel al bufete, pero la carrera militar no es para lisiados. Se graduó, pues, en Derecho, y resignóse a copiar documentos legales en la oficina de su padre.

Se enamoró de una joven que no quiso casarse con él, y se casó con una que no quiso amarle. Pero ésta admiraba en él la fortaleza de carácter, la alegría de espíritu y el superior talento.

Borroneó unos poemas en dialecto escocés e hizo varias traducciones del alemán. Aunque había cumplido veintiocho años no alentaba la menor ambición de una carrera literaria.

Con el cargo de Sheriff (oficial de justicia) de Selkirkshire, pudo disponer de un buen estipendio y de mucho tiempo libre, tiempo que le permitía atender a su práctica profesional en la curia.

Durante años enteros había estado coleccionando antiguas baladas de la frontera escocesa. Reunió la colección y preparó su publicación; no, empero, para la fama de su nombre, sino con el fin de socorrer a su antiguo compañero de escuela, el impresor Jaime Ballantyne.

A éste le escaseaba el trabajo en su taller de imprenta, y Scott ofreció las Border Ballads a un editor con la sola condición de que la impresión se hiciera en el taller gráfico de Ballantyne.

The Minstrelsy of the Scottish Border (Canciones de la frontera escocesa) —que así se titulaba la colección— no fué un éxito económico, ni Scott esperaba que lo fuese. «Mis aspiraciones literarias —escribía— son para mí asunto de esparcimiento más que de ganancias.»

Ni esperaba que su primer poema original, El canto del último bardo, resultara un éxito financiero. Mas lo fue, con gran sorpresa suya. La estrella de su destino no apuntaba hacia la carrera de las leyes, sino hacia la literaria. Y sin embargo, aún ahora —cumplidos los treinta y cuatro años— estaba lejos de sospechar su verdadera vocación.

Scott era generoso, pero no por ello menos precavido. Ansioso de asegurar el bienestar de su familia, que contaba ya con cuatro vastagos, invirtió sus ahorros en la imprenta de Ballantyne. Se convirtió así en socio en un negocio que hubiese podido tener éxito de no ser por dos factores: la incapacidad de Ballantyne para apreciar toda una situación comercial y la de Scott por «calar» a Ballantyne.

Por esa ápoca Escribió Marmion, La dama del lago (Lady of the Lake) y otros poemas breves. Encogíase de hombros ante sus triunfos literarios y acogía los fracasos con una sonrisa. El éxito del poema fue mayor por lo inesperado y enriqueció al autor.



La venta del poema aumentaba con cada edición. Los derechos de autor permitiéronle a Scott realizar el sueño de toda su vida: construirse una casa de campo.

Después de haber compuesto poesías hasta sus años maduros, no había logrado más que calificarse como bardo de mediana jerarquía. Ahora se dedicaría a la prosa, para convertirse en poeta de primer orden.

Años antes había tratado por un par de veces de escribir prosa novelada, pero la había abandonado por considerarla superior a sus aptitudes. En 1805, había remitido siete capítulos de su Waverley a un crítico amigo, William Erskine. «Tíralos —habíale aconsejado éste, lisa y llanamente—.

El dinero que le producían sus libros, entraba a torrentes en su caja, pero Scott desviaba esos torrentes hacia el pozo sin fondo de la imprenta de Ballantyne, sin reparar ni una vez en el hecho de que el negocio iba de mal en peor.

Compró más tierras, se metió en una maraña de hipotecas, agasajaba a gran número de visitantes en los prados de su residencia, daba comidas y bailes a los lugareños, vagaba (a pesar de su cojera) a través de calles y colinas, participaba en las partidas de caza, creaba , se regodeaba con sus títulos nobiliarios (inclusive una baronía), casó a sus hijos, escribió más novelas, ganó más dinero, interesóse más aún en los desastrosos negocios de Ballantyne y, al fin, el desastre. ¡Ballantyne se declaró en quiebra, y todos los bienes de Scott se esfumaron de la noche a la mañana!

El golpe fue tan repentino como trágico, pero transformó a Scott, de un buen hombre, en un gran hombre. Sus deudas, como resultado de la quiebra de Ballantyne, ascendían a 117.000 libras.

Sus amigos le aconsejaron que se declarase a su vez en quiebra, pero no aceptó ese recurso y se puso a trabajar para saldar su deuda.

El exceso de trabajo lo postró, pero supo hacer frente al mal como un estoico. «Es de valientes el sufrir y seguir trabajando.» Cuando no podía levantarse de la cama, dictaba acostado, y había momentos en que rechinaba los dientes de dolor; pero desaparecido el acceso proseguía el dictado.

Murió su mujer. «La soledad es terrible. . .», pero no cejaba en su trabajo.

Escribía novelas, poemas, biografías. Liquidó una cuarta parte de la deuda… la mitad. . . tres cuartas partes. Bajo la tensión del esfuerzo su mente sucumbió como lo había hecho el cuerpo. Cayó en el error de creer que había saldado la deuda. . . ¡piadosa ilusión!.



Sus amigos le enviaron a realizar un crucero por el Mediterráneo, en una fragata gentilmente cedida por el Almirantazgo. Entre quienes fueron a despedirle había lores , nobles damas y otras personalidades importantes.

Arribó el 11 de julio de 1832. Impedido casi de andar, pidió que le sentaran al escritorio. «Ahora dame la pluma. Quiero estar solo un momento.»

Mas cuando su hija le puso la pluma en la mano, él no atinó a cerrar los dedos.

Le metieron en cama. Fue apagándose lentamente, y a los dos meses cerró los ojos, con sublime expresión de serenidad. Scott había saldado su deuda con el Acreedor del Cielo.

Murió un 21 de septiembre de 1832.

OBRAS IMPORTANTES DE SCOTT

El canto del último bardo (poesía).
Marmión (poesía).
La dama del lago (poesía)
Waverley.
Cuy Mannering.
El corazón de Midtothian.
La novia de Lammermoor,
Ivanhoe.
El monasterio.
El abad. Kenilworth. El pirata.
Las aventuras de Niget.
Peveril del Pico.
Quintín Durward.
Las aguas de San Román.
Redgauntlet (Guantelete rojo).
El conde Roberto de París.
Vida de Napoleón (en 9 vols.).

Fuente Consultada: Grandes Novelistas – Walter Scott – por H. Thomas y Lee Thomas – Editorial Juventud Argentina

juegos siete diferencias

noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes



------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------